Hace 5 años
martes, 28 de mayo de 2019
viernes, 26 de abril de 2019
domingo, 27 de enero de 2019
Madrugadictos
Gentes que caminan en estricta soledad
por las calles, oscuras aún, en dirección a lugares en los que
preferirían no estar, y que sin embargo tienen el poder coercitivo
de arrebatarlos de ese medio amniótico que es la cama de cada uno,
minutos antes, e incluso peor todavía, minutos después, de sonar el
despertador.
No es difícil aventurar lo que esas
sombras irán rumiando en su lento pero mecánico deambular.
Raramente otra cosa que pensamientos amargos y desilusionados.
Conflictos sin resolver, e irresolubles. Comparaciones con la buena
fortuna aparente de otros, allegados o no, y deseos más bien poco realistas de un vuelco radical a ese trantrán de infelicidad
puntual.
Puntual, y sin embargo, enormemente
masiva. Cual agujero negro ubicado en el centro de una galaxia
espiral, rodeada de puntitos luminosos que sin ser estrellas, las
imitan bastante bien. Porque todo es ficticio, fantasmagórico, y a la vez
trágicamente verídico. Esa luz soberbia y dominante de los semáforos. Más
tenue, pero resolutiva, la de las farolas. Incómoda de ver, la de
los vehículos en movimiento...
En este universo las únicas que no
brillan con luz propia, son nuestras ideas, y menos mal, porque como
ya dije, a esas horas son sólo secreciones apestosas del alma, tanto
o más que las fisiológicas, las cuales conviene purgar, y
deshacerse de ellas, en la más absoluta intimidad.
martes, 15 de enero de 2019
Salud quebradiza
Todos los años en Enero llega una ola de frío y, a cualquier lugar que uno vaya, el hilo musical con el que es recibido es el concierto de año nuevo de toses, carraspeos, sonado de mocos y estornudos, por citar tan solo los principales instrumentos de viento.
No pasa un invierno en que los virus no osen contagiarte de todo su poder maléfico. Pero bueno, cierto es también aquello que reza el adagio: Quien de joven no es de izquierdas, es que no tiene corazón, quien de viejo no es de derechas es que no tiene cerebro, y quien tras las navidades no pesca al menos un catarro es que no tiene agujero del culo. Por no tener no tiene ni eso, y es difícil existir, y no digamos ya llevar una vida medianamente digna sin uno, con perdón de la ordinariez.
Como imaginaréis he modificado un poco la versión original del dicho, por aquello de puentear los derechos de autor. Internet es la jungla.
Aunque claro está que, enfermar una vez al año, sí que hace daño, y no digamos ya los que se pasan la vida enfermos. Sobre todo esas enfermedades tan raras que fundamentalmente solo tratan de jugar al ratón y el gato con la paciencia de los demás. ¡Una peste bubónica les daba yo!
sábado, 5 de enero de 2019
República Indepe de Kabalgata
No hace falta ser niño para mantener el derecho inalienable a recibir regalos navideños, creo yo... Aunque hay infancias que duran una eternidad, también es verdad... Pero lo cierto es que si no se quiere que a uno lo tilden de crédulo o fantasioso, lila o pánfilo, ha de adaptar su concepto y sus expectativas de lo que son, o deberían ser, los Reyes Magos de Oriente, a un perfil mucho más adulto. Uno en el que todas sus miserias, sus humanas debilidades y flaquezas, quedaran patentemente recogidas y expuestas.
Así, y por contra, lejos de necesitar pasar por el obligatorio trámite de tener que portarse bien, la calidad y cuantía de los regalos sería una mera cuestión de negociar a tres bandas, asumiendo, por supuesto, que en toda la operación ellos se llevarían la parte del león.
La opción del carbón por supuesto queda descartada, pues como es bien sabido de todos, la preocupación por la ecología está en el orden del día de todas las corporaciones multinacionales, sea esta o no, tan ficticia como sus propias majestades, y estas, evidentemente no iban a ser menos. El capitalismo es así, puro escaparate.
miércoles, 31 de octubre de 2018
sábado, 29 de septiembre de 2018
Inteligencia zero
Pronto el mundo funcionará solo y no necesitará más de los seres
humanos para nada. Las máquinas se encargarán ya por fin de hacerlo todo, y lo que es mejor,
de hacerlo todo bien.
Y todo gracias a la inteligencia artificial. Una inteligencia
zero. Cero errores.
Así, nosotros, más propensos a la equivocación, y en general
a la burricie, podremos también dejar nuestros trabajos, y quedarnos el día
entero en casa, haciendo, por ejemplo, cosas tan equivocadas y rematadamente
tontas como alimentar (de contenidos) un blog.
El caso es que a mí las cosas “zero” no me gustan demasiado.
Cero grasas, cero azúcares, cero alcohol… No hace mucho le quitaron un 50% de
azúcares a mis yogures favoritos, y desde entonces no los trago.
Imagino que ese 50% fue sustituido por algún otro
edulcorante sintético, de dudosa procedencia industrial y desconocidos efectos
adversos sobre la salud, pero en el fondo eso me hubiera dado lo mismo, si el
sabor no se hubiera visto tan alterado.
Puedo entender que se llegue un día a unas estadísticas de
tráfico con “zero” accidentes, a costa de sacrificar, como decía algún
anunciante de coches de gama alta, “el placer de conducir”, pero me resisto a que
un bot de una entidad financiera, con fines especulativos, haga operaciones de
alto riesgo, infinidad de ellas por segundo, con las contribuciones de mi
futura pensión.
Y es que por mucho que afinen el tiro, esas cosas las carga
el diablo.
Y, lo que es más grave, con todos estos “adelantos”, la
sensación es de que las personas cada vez importamos menos, e incluso que se
tolera peor nuestra propia personalidad, con todos nuestros defectos y
virtudes, por no hablar de las manías, vicios, y cabezonerías añadidas. Debilidades
tan humanas todas.
Sinceramente, prefiero un mundo en el que exista el derecho
a equivocarse. Aun cuando nuestra intención siga siendo, por supuesto, estar siempre
en lo correcto. Faltaría más.
lunes, 17 de septiembre de 2018
miércoles, 18 de abril de 2018
Reivindicaciones subrogadas
Vivimos en una época en la que renunciar al derecho al pataleo sería una completa temeridad.
Puede, de hecho, que desde los oscuros centros de poder se nos haya hecho creer que, por ser niños buenos, se nos ha restituido nuestro anhelado bienestar. Pero no. Siempre habrá misiles apuntando a aquellos que osen decir una palabra más alta que otra, a aquellos que se enfrenten a las injusticias cotidianas, sean estas o no, de su incumbencia.
Que no duden de que serán perseguidos hasta en los confines más recónditos de la Tierra, del cielo, del espacio, y del ciberespacio.
Nunca habrá tregua con los disidentes. como, por otra parte, no puede ser de otro modo... ¿Qué mérito tendría entonces disentir? ¿Quién se acordaría ahora si no, del dentista que disentía del parecer de los otros nueve de cada diez? ¿Eh?
martes, 20 de marzo de 2018
miércoles, 14 de febrero de 2018
sábado, 9 de diciembre de 2017
Sabana Club
Tal vez un día la lógica humana se imponga entre los últimos
vestigios de fauna salvaje del planeta. Depredador y presa, se sentarán entonces
a hablar, negociarán, se harán mutuas concesiones, llegarán a acuerdos y
enterrarán viejas rencillas. Se aliarán para afrontar retos y problemas
comunes, como por ejemplo su común extermino, a fuego lento, por la mano del
hombre y su insaciable apetito de dominación.
O sencillamente, incapaces de empatizar con su antagonista, se
verán diezmados, se extinguirán y desaparecerán. Pero mientras ese día no
llegue, seguirán persiguiéndose y escapándose los unos a los otros, atacando
este y huyendo aquel, y cómo no, repartiéndose entre sí, a partes iguales, dentelladas
y coces, y después de eso, más dentelladas y más coces, en la feroz e indesmayable
lucha por la supervivencia. Naturaleza obliga.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
martes, 12 de septiembre de 2017
jueves, 27 de julio de 2017
El hacha de Mambrú
¿Era Mambrú un hacha? Difícil creerlo.
Sea como fuere, él no se anduvo ni corto ni perezoso cuando
la desenterraron, el hacha, y allá lio el petate, cogió (sin preguntar a nadie)
el fusil de Johnny, y se fue en busca de aventuras bélicas en tapa dura y a
todo color.
Mas él ignoraba que la señal era monocanal, y únicamente
llegaría a su retina en rojo y gris, sangre y polvo. A lo sumo, mugre negruzca.
Pero eso a Mambrú no le echó para atrás. Un valiente como
él, bien plantado, y con un par (de granadas, de pistolas, de cartuchos de
balas, con un par de casi todo) ¿A quién podía temer?
No se arrugó, no, nuestro Mambrú. Si acaso alguien lo
arrugaría en contra de su voluntad, pero eso ya son extremos de los que no da
detalles la canción.
El bueno de Mambrú… O
mucho le gustó el invento, y se hizo un sitio en la carrera militar, o le dejó
mal sabor de boca para toda la eternidad.
Pobre Mambrú…
¿Cómo iba él a saberlo? Do-re-mi, Do-re-fa…
jueves, 13 de abril de 2017
Trazos de la India
La India, un país inmenso, excesivo, inaprensible. Un bazar
de etnias, lenguas y religiones, desperdigadas por un escenario gigantesco, que
sin embargo, tal es su prolijidad, hasta se les queda, se nos quedaría, pequeño.
Sin duda es un lugar de contrastes. Un palacio de níveos mármoles
con incrustaciones de lapisazulí, en medio del basurero más hediondo. Tal es
así que, entre dioses y ratas, apenas hay diferencia, pero al nivel de los
humanos, en cambio, toda una jerarquía de castas tiene lugar, siendo estas
categorías estancas, impermeables e inamovibles por y para la eternidad.
La India no sería lo que es sin estas y otras muchas
contradicciones. Para superarlas, ellos apelan al karma, a la espiritualidad, y
desde luego, que difícilmente se atisba otro remedio. Dejar hacer a la entropía
del universo, parece ser la única fórmula científicamente satisfactoria, en
medio de un caos capaz de lo mejor y de lo peor.
¿Quién, en este mundo, puede sentirse indiferente a todo un
subcontinente, tan rico, y a la vez tan pobre? Pues, para ser sinceros, casi
todos nosotros.
De hecho me cuesta imaginar un país más paria en el mundo.
Uno en el que la relación tamaño/influencia, arroje unos valores más parcos y
decepcionantes. Lo cierto es que desde el punto de vista occidental, que es el
que impera hoy en día, la India y sus habitantes cuentan poco, por no decir absolutamente
nada.
Su cultura, su historia y sus tradiciones se contemplan como
rarezas fascinantes, ante las que una mirada más profusa, más alambicada,
podría arrastrar nuestra inteligencia a la borrachera. Un extraordinario
eclipse de sol al que, si bien, no conviene mirar demasiado directamente.
Seguramente todo en esta región del mapa es un desafío a los
sentidos, y tanto más aún a la mente, que se siente desbordada. Y quizás un
fuego en exceso abrasador para el que solo busca una buena lumbre en la que
cobijarse.
Un turista de viaje por sus calles y caminos siempre tendrá
la desasosegante sensación de que se está perdiendo el noventainueve por ciento
de lo que deseaba ver y sentir. De ahí que los sabios y filósofos de esa tierra
siempre coincidieran en una máxima inmutable: No desees.
Pero claro, esto, para occidentales como nosotros, a los que
tan poco nos gusta aburrirnos, nos suena a chino. No hay duda de que nos
equivocamos.
Mirar a la india con otros ojos es obligatorio para todos
aquellos que crean, o deseen creer, en existencias fecundas más allá de la
monotonía.
sábado, 4 de febrero de 2017
Payasadas Internacionales
-
¡
¡Alerta Mike!
¡Adelante Tim! ¡Te recibo!
Tenemos un payaso con un arma que está sembrado
el pánico en las pistas del aeropuerto estatal.
-
¡¿Otra vez un payaso con un arma?!
No, Mike, esta vez es un payaso de verdad. Un
payaso, como Miliki, Fofito, Charlie Rivel, Ronald McDonald, Trump…
-
No te entiendo, Tim. Quizás no te he escuchado
bien. Ríete si quieres, pero me ha parecido oírte hablar de un tal Miliki…
-
Esto es muy serio, Mike. Y no tenemos tiempo que
perder, así, andándonos por las ramas. Necesito que vengan enseguida tus
muchachos.
-
De acuerdo, Tim. Están saliendo ya varios coches
patrulla hacia allá.
-
Oh, no, Mike. No es uno solo, son dos. Dos
payasos. Y los dos armados.
-
Perdona. ¿Has dicho que son dos y que van
armados?
-
Sí, Mike. Portan armas cortas, por lo que he
podido ver desde aquí, y lo peor de todo, han tomado como rehenes a dos
azafatas de vuelo.
-
¿Son de altos vuelos?
-
No te entiendo, Mike, ¿A qué viene eso?
-
Olvídalo Tim, es sólo que necesito más detalles.
¿Hay algún herido entre el pasaje o el resto de la tripulación?
-
El comandante del aparato. Lo han puesto fuera
de combate de un culatazo.
-
Espera un momento, Tim. Me dijiste que portaban
armas cortas…
-
De un culatazo, de un golpetazo con el culo… Son
payasos, Mike. Ya te lo dije. No acaba de entrarte en la cabeza.
-
Pe… Pero…
-
Tenemos que reducirlos cuanto antes, o será
mucho peor.
-
¿Reducirlos? ¿Cómo? Si son dos, tendríamos que
hacer que al menos uno desapareciera.
-
¿Estás de broma, Mike? Podríamos hacer
desaparecer a las azafatas, como mucho, y en el caso improbable de que, además
de azafatas de una aerolínea, lo fueran también de un espectáculo de magia…
-
Estamos perdidos, Tim. No podemos negociar con
esa gente.
-
Necesito a tus muchachos ya. Es cuestión de risa
o muerte.
-
De vida.
-
No, de risa. De mearse de risa. La vida puede
esperar; la risa, no. O es ahora o es nunca.
-
No me asustes, Tim. No es momento para
heroicidades. Sangre fría. Recuerda lo que nos enseñaron en la academia.
-
Lo siento, Mike, esos payasos han agotado mi
paciencia. Voy a abrir fuego.
-
Noooo. Tim. Podría haber víctimas inocentes…
¿Tim?... ¿Tim?... ¿Tim, me escuchas?
-
¿Qué tal, agente?, ¿Le suena esto?: ¿Cómo están
ustedeeees?
-
¡Qué diablos!
-
Ha,ha,ha,ha (carcajada maléfica)
-
¡¿Quién está ahí?! ¡¿Con quién hablo?!
-
¡No! Yo soy el que hace las preguntas… ¿Conocía
usted mucho a Tim?... Un tipo callado. Pero no tanto como últimamente. Más en
concreto, como en los últimos segundos… Ha,ha,ha,ha…
-
Malditos sean, (sollozando) le han metido una
bala a Tim…
-
¿Una bala?... Nah. Solo ha bastado un buen
culatazo.
lunes, 23 de enero de 2017
En la Tierra del Fuego
Por lo visto la Tierra del Fuego está llena de llamas, y aún así hace un frío que pela. Qué cosas, ¿eh?.
Bueno, la verdad es que no tengo ni pajolera idea de cuál es la fauna de esa mítica región sudamericana, pero la imaginación es libre, ¿no es cierto?... Claro que ya puestos, también podría haberme inventado unas llamas tipo "unicornio", y hacerlo aún más kitsch...
Para el próximo post.
sábado, 7 de enero de 2017
Sin compromiso de permanencia
Vivimos en un mundo en el que en ocasiones, sólo en contadas
ocasiones, tenemos la suerte de recrearnos con su belleza natural. Antaño tan
presente, y hoy completamente alejada de nosotros. Y ello siempre en
contraposición con la sobreabundancia y el bombardeo de propaganda con la que
se cacarean e inflan las virtudes de las cosas artificiales.
Así, y sólo así, es que hemos llegado al absurdo de
encontrarnos en los supermercados con naranjas peladas y embaladas en estuches
de polietileno. En mi opinión, la cuadratura de la estupidez humana.
Desde luego que esto es lo que nos merecemos, en nuestro
afán por cambiarlo todo (supuestamente para mejor), y adaptarlo al estándar del
capricho y el confort momentáneo.
Llevamos siglos haciéndonos la vida más sencilla, teóricamente,
a base de ir limpiando de nuestro entorno inmediato todo aquello que nos remita
a la naturaleza tal cual, y por ahora, se supone que la cosa funciona aparentemente
bien… ¿Sucederá en cambio que llegue el día en que esta desconexión sea
total, se revele entonces como nefasta,
y no haya ya manera de dar marcha atrás?
Por suerte para nosotros, la naturaleza no piensa, no
siente, ni se enfurece con nuestra actitud, ni está por tomarse revanchas (al
menos no definitivas). Pero a veces sí que se echa en falta una buena colleja
por su parte.
Un pequeño toque de atención. Un decir “Esto se ha acabado,
amigos”, y retirar de la circulación, qué se yo, por ejemplo las flores, o las
nubes, o los arroyos, o el blanco impoluto de la nieve. Que de pronto
recibiéramos un servicio de segunda, y no la fórmula Premium de la que
disfrutamos ahora. Quizás entonces aprenderíamos a valorar todo eso que ni se
compra ni se vende, ni se puede envolver en papel de regalo, ni cabe debajo de
un arbolito de plástico made in la Cochinchina.
sábado, 26 de noviembre de 2016
Pasando olímpicamente del cotarro
Supongo que la temática olímpica está un poco fuera de
temporada, pero, con el espíritu Black Friday en mente, y amparándome en la
vorágine consumista de las rebajas, supongo que no habrá mayor problema, y que
colará.
Ya tendremos tiempo, sobre todo los alérgicos a la Navidad,
para aburrirnos de Papanoeles, muñecos de nieve, belenes vivientes y lucecitas parpadeantes, que por cierto, ya empiezan a estar por todas partes dando la
paliza.
Eso sí que es "adelantar acontecimientos", y pasarse por el forro el normal devenir de las hojas
del calendario.
Así que donde fueres, haz lo que vieres. Eso sí, yo como los
cangrejos, para atrás.
Y es que todo tiempo pasado fue mejor.
Que nadie lo
dude.
¡Claro que sí, hombre! Si al final somos cuatro gatos los que estamos en el presente, el resto anda a caballo entre el pasado y el futuro, y en ambas partes mal a gusto.
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