sábado, 26 de noviembre de 2016

Pasando olímpicamente del cotarro




Supongo que la temática olímpica está un poco fuera de temporada, pero, con el espíritu Black Friday en mente, y amparándome en la vorágine consumista de las rebajas, supongo que no habrá mayor problema, y que colará.
Ya tendremos tiempo, sobre todo los alérgicos a la Navidad, para aburrirnos de Papanoeles, muñecos de nieve, belenes vivientes y lucecitas parpadeantes, que por cierto, ya empiezan a estar por todas partes dando la paliza.
Eso sí que es "adelantar acontecimientos", y pasarse por el forro el normal devenir de las hojas del calendario.

Así que donde fueres, haz lo que vieres. Eso sí, yo como los cangrejos, para atrás. 
Y es que todo tiempo pasado fue mejor. 
Que nadie lo dude.



¡Claro que sí, hombre! Si al final somos cuatro gatos los que estamos en el presente, el resto anda a caballo entre el pasado y el futuro, y en ambas partes mal a gusto.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Halloween Fail



Halloween?... Fail?...
¡Nos asaltan los anglicismos!
¿Qué fue de "Víspera de Todos los Santos"? ¿Y de "fallo", "metedura de pata"?

En las redes sociales, en la tele, en el trabajo, en las estanterías de los supermecados, en el Burger...
Estamos indefensos y les daremos lo que nos pidan... ¿La Visa? ¿La Mastercard? ¿La Diner's Club? ¿Tarjetas black?... Hummm, no, esos no. Esos anglicismos aún no están al alcance de nuestro uso cotidiano.

Como mucho podrán exigirnos la muela de oro de la abuela, es decir, grandma gold's tooth, pero seguramente se tendrán que conformar con la calderilla, the little water bowl...

sábado, 30 de julio de 2016

Paraísos paralelos



Hay quien dice que la Biblia, (sí, la Biblia que todos conocemos (¿Realmente la conocemos? (¿Realmente alguien se preocupa de saber algo de estos temas?))), está llena de imprecisiones, contradicciones, sinsentidos y, todo ello sin dejar de ser benévolos, fantasías.
Pero... ¿No es también así la vida de cada uno de nosotros? ¿No es igual de fantasiosa y autocomplaciente la existencia nuestra, la que cada uno de nosotros llevamos enrocados en nuestro propio universo paralelo?
Será que vemos antes la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.
Un nuevo punto vista diferente, uno adicional a ese con el que ya de por sí contamos, el de fábrica, el congénito, cuanto bien nos haría.
Quizás así no pasaríamos tanto tiempo, en la inopia, en nuestros paraísos para lelos.

domingo, 3 de abril de 2016

Las cosas, claras


El hombre-perro-faldero quiere dejar atrás las mentiras, y los sobreentendidos maliciosos, y que esta nueva etapa (feliz) de su vida, se construya sobre los cimientos de la sinceridad y la transparencia.
Enhorabuena, hombre-perro-faldero, y a ti también Cindy-Lou.
El star-system no os olvida.

domingo, 20 de marzo de 2016

Incompatibles



Unos valores sólidos son (de alguna manera) incompatibles con unos dientes sanos y fuertes.
Suena a tontería. Si queréis no me hagáis mucho caso, pero yo siempre supe que una higiene bucal excesiva nos hacía más propensos a las iras y la incomprensión de según qué determinados colectivos, como por ejemplo, el de los dentistas.
No se puede agradar a todo el mundo. Es ley de vida. Y eso se extiende incluso a las bacterias que producen el sarro. 
Aunque a ellas más que a nadie, claro está, les gustaría que se les tratase con dulzura.

sábado, 12 de marzo de 2016

Hamelín 2.0


Siempre habrá quien piense que la tecnología, a la larga, nos hace a todos más infelices.

lunes, 7 de marzo de 2016

El irresistible tirón de lo nuevo


Es muy probable que la gran mayoría de los que vivimos en esta parte del globo terráqueo (Paña), no sepamos, no sepan, que en estas mismas fechas, del 3 de marzo al 24, se está realizando una votación en nuestras antípodas, es decir en Nueva Zelanda, encaminada a decidir si se cambia la bandera antigua por una nueva, más moderna, o se deja todo como está.

Uno de los aspectos que han movido al cambio es, evidentemente, el enorme parecido que las enseñas nacionales del país maorí y Australia guardan entre sí, ambas mostrando en lugar preminente una réplica de la Union Jack, la bandera británica. La del Reino Unido (UK), la clásica y archiconocida de las cruces superpuestas, rojas y blanca sobre fondo azul marino, proyectada a su vez en otro rectángulo más amplio del mismo color, y en el que destacaría cierto número de estrellas, aquí ya sí varía el número y disposición, las cuales fundamentalmente harían alusión a la Cruz del Sur, la constelación más famosa de cuantas son visibles desde el hemisferio septentrional.

Así que por un lado tenemos el ansia de marcar diferencias con el gigantesco vecino oceánico, y por otro la de jubilar el ya muy visto y algo caduco pendón británico, cuya memoria, revisada una y otra vez por los académicos, no siempre trae sino un regusto agridulce, y de pesada digestión, en todos aquellos lugares de nuestro planeta que un día fueron colonias del imperio.

Un imperio que avanzó abriendo escuelas y líneas de ferrocarril por el vasto mundo, pero al mismo tiempo a golpe de fusil y cañonazo. Los míticos “casacas rojas”.

No obstante, y dando por terminado este preámbulo historicista, debo decir, esto ya sí a título propio y personal, que el cambio de bandera, y la selección de los diseños candidatos, a lo largo de todo un proceso que ha constado de varias fases, se ha hecho de forma en exceso voluntariosa, seguramente con no poca precipitación, y desde luego con nulo criterio ni sentido artístico.

Vamos, que a mi juicio, el afán por reeditar el éxito de Sudáfrica en la ocasión en que aquel mismo país decidió sustituir su denostada bandera antigua, símbolo del apartheid, por otra con un trasfondo mucho más incluyente y conciliador, actúa en realidad como contrapeso, como comparación odiosa, poniendo sobre el tapete lo mucho más fútil del cambio neozelandés.

Por ello, y ya puestos a ser frívolos, yo mismo he optado a rediseñar esa bandera. Una bandera, la mía, que entiendo yo que debiera ser la finalmente elegida por numerosos factores, entre los cuales, y no el de menor importancia, el que ninguna de las candidatas oficiales alude a los aspectos de la fauna y flora neozelandesa por los que es mundialmente conocida. Esa que a diario la hace presente en nuestros hogares.

En mi diseño, el kiwi, tanto el pájaro como la fruta homónima, con sus vivos colores y siluetas, copan el protagonismo absoluto. Especies endémicas de la región, que aun cuando se han criado o cultivado en otras partes del globo, rara vez alcanzan las virtudes de los originales.



Desde luego, todo este asunto no es sólo una cuestión de trapos…  ¡Y que si cual me parece más bonito! Y puede que si algún oriundo de por allí lee esto que he escrito, cosa que dudo, incluso pueda enojarse, y con motivo, ante el tratamiento demasiado desinhibido de la cuestión. Las patrias ajenas, la verdad, nos duelen poco, por no decir nada. Pero, es que en realidad, para mí el problema de toda esta parafernalia, su peor defecto, es que está gravemente aquejada de una seriedad conspicua. En el noble objetivo de concebir un símbolo que aúne los valores tradicionales y los más altos conceptos que un pueblo tiene de sí mismo, muchas veces no logramos sino el efecto contrario, es decir, alejarnos de la realidad intrínseca, carnal, sanguínea, de ese mismo pueblo.



Eso desde luego, no nos pasa aquí con nuestra banderita roja y gualda, y a ser posible con toro incluido, que nos describe a la perfección, en nuestro carácter y en nuestra compostura. Y en ningún sitio mejor engalanada, que en las banderillas de la lidia.


En fin, como colofón decir que, para un cambio de este tipo, que nos remite a la ya tan trillada y manoseada expresión de “cambiarlo todo, para que nada cambie”, no hacía falta gastarse tanto dinero (las elecciones duran tres semanas)… Y lo mismo me da que sea con su dinero. Para la historia quedará como la oportunidad perdida de aquella hermosa nación de haber salido de todo esto con algo grande, único, singular, inspirador, revolucionario,  cautivador, deslumbrante, entre las manos.


jueves, 29 de octubre de 2015

Telelecomunicaciones





El corazón tiene razones que la razón no entiende, pero dialogando al menos se puede entrever un mínimo de voluntad de acercamiento entre ambas partes.
El problema es cuando entran en liza las hormonas. Las hormonas son anti-sistema por naturaleza. Dales la mano y te cogerán el brazo.
Cuando estas entran al debate, se acabaron las buenas palabras. Y que no huelan el más mínimo resquicio de debilidad, porque son como las pirañas. Su afán por ponerlo todo patas arriba es proverbial.
Y lo peor es que cuando al fin, tras largos años de aprendizaje cree uno tener las suyas domesticadas y bajo control, se topa con las de sus queridos retoños, en efervescencia. La “posesión” pasando de padres a hijos cual herencia envenenada.
Es un ciclo que se retroalimenta, y lo que es peor, a cuatro carrillos.

lunes, 12 de octubre de 2015

La lucha por la Ciber-vivencia





Ahora ya no, con la invención del wi-fi y los smartphones, pero hubo un tiempo en que la conexión del hogar a Internet estaba tan disputada como los vados de cruzar, o las orillas de abrevar, del Serengueti.
Ñus, cebras, cocodrilos, etcétera, esperando su turno, acechando en la sombra, en busca de una oportunidad de tener acceso al “alimento”. Unos pendientes de los otros. Todos ellos viviendo a expensas de lo que deparare el momento.

Víctimas y verdugos bajo la ley, imperiosa ley, de los instintos (aún cuando virtuales).

miércoles, 15 de julio de 2015

El león está pachucho


Algo pasa con el león.
Ha perdido el apetito, duerme mal, padece estreñimiento, consecuentemente y por añadidura, hemorroides… No está a lo que hay que estar.
Es obvio de que no atraviesa por su mejor momento. Y eso es algo que a la sabana no se le pasa inadvertido. Él, no es un cualquiera. Es el rey, el “Juancar”, el “Pelé”, el “Elvis” de las bestias.
Desde luego que para presas y demás depredadores en liza, esto supone un nada despreciable respiro. Pero como que la situación se prolonga ya un poco… Y, seamos sinceros, esto tampoco es lo que queremos.
Habíamos oído hablar de los tres tristes tigres… ¿Pero el león? El león, no. El león es otra cosa. Un león que se precie no puede caer en estas historias ratoneras.
Será una fiera implacable, un asesino despiadado, pero también es el mayor dinamizador social de la cadena trófica. Sin él en la cúspide, guardando y haciendo guardar el orden y la ley natural, quien sabe, quizás a las lombrices les pudiera dar por atreverse con las jirafas. Eso, u otras aberraciones similares.
Así que, por favor, ¡que se solucione lo del león ya! Que llamen a un psicólogo, a un cura, o que le paguen una ronda en el barrio chino. Lo que sea.
Insisto, la anarquía en la sabana es una insensatez supina.

No es broma. Nos sale muy caro, en metraje de documental sobre el reino salvaje, cada minuto de león agilipollado.

lunes, 22 de junio de 2015

Votellón



De pronto parece como si - ¡Oh milagro! - la juventud se hubiera interesado por fin por la política.
Y el resultado es que ahora la democracia se parece horrores al botellón. Todo es mezclar y saborear, probando como combinan estos licores con aquellos refrescos. ¡Que no falte dónde elegir! Y así hasta dar con el mejunje favorito que más nos coloque y menos resaca nos acarree.
De momento la cosa funciona, luego ya se verá.

Y mientras tanto, todos los fines de semana, jornada de reflexión.

domingo, 5 de abril de 2015

La suerte lo es todo



La suerte de unos es la desgracia de otros. Por ello es caprichosa, por ello es equidistante, por ello es esquiva y de carácter voluble. No quiere ni oír palabra de compromisos, y le aterran los vínculos demasiado estrechos, con cargas emocionales y afectivas, y criaturas de por medio.
Su gran pecado es que pretende agradar a todos, y con ello, a ninguno satisface.
En el fondo va a resultar que tiene buen corazón, que será por eso que todo el mundo la adora, y en su fuero interno todo vertebrado e invertebrado, todo bicho viviente, la anhela y ambiciona como compañera eterna e inseparable, sucumbiendo una y otra vez a sus guiños lastimeros.
Pero es mal negocio regalar dispensas y perdones a quien no se responsabiliza ante nada ni ante nadie.
Mal asunto encariñarse de su risa contagiosa, de su pasado turbulento, de su estilo de vida nómada e independiente, de su talento natural para la improvisación...
Mal asunto querer confiar en ella, que es entonces cuando más disfruta con sus desplantes, sus vaivenes y sus números fríos.
Ella es la estrella, y los demás somos su público entregado. Aún cuanto más nos esforcemos por no seguirle el juego.
Desengáñate. Tú seguirás durmiendo, con un ojo cerrado y el otro abierto, toda tu vida, pero ella lo hará siempre a pierna suelta.
Cuando la moneda vuela por el aire, no es de Dios, ni es del César. Caras y cruces de este mundo y el que espera, las pertenencias todas de quien fuere, en suspenso y de su mano.

No se le de más vueltas... Ella es quien reparte.


domingo, 8 de febrero de 2015

La fibra sensible


Sí, no me miréis así. De no ser por cosas como el balompié, las nuestras serían unas vidas completamente intrascendentes y carentes de emociones.
Para que luego digan que si los sueldos del delantero tal, o el centrocampista cual, son desorbitados…
Cierto es que no curan el cáncer, pero es que todo en esta vida se reduce a una cuestión de prioridades.
De hecho, que nadie dude de que si se pusieran a ello - si realmente de eso fuera el juego - lo conseguirían. Vamos, que si todo el dinero, recursos e investigación que se dedica a curar las lesiones deportivas, se destinase a la medicina de verdad, otro gallo cantaría.
Pero entonces el mundo sería mucho más soso y aburrido.
Seamos realistas, un científico nunca será capaz de poner en pie a todo un estadio, de provocar un estallido de felicidad global y transfronterizo, retransmitido a las cuatro esquinas del planeta vía satélite. Sus únicos espectadores son las propias ratas del laboratorio, y la verdad sea dicha, nunca acaban satisfechas con el espectáculo. Vive el cielo que no.
Francamente, si yo fuera una pobre rata en el trance de diñarla en uno de esos escalofriantes experimentos a los que las someten, y, repentinamente, me dieran la oportunidad de cambiar mi vida por la de un futbolista de primera división, podéis estar seguros de que no necesitaría disponer de un sofisticado sistema nervioso central, abundante en materia gris y circunvoluciones, para instantáneamente tomar la decisión acertada.

Pisaría con mi peluda patita la palanquita de OK, y a vivir, que son dos días.

domingo, 11 de enero de 2015

Je suis Charlie




Me recuerda un poco a una de aquellas pegatinas “Jesus saves” que circulan en los guardabarros de los coches por algunos de los estados más rednecks, más ultramontanos, de los EE.UU., pero en la práctica, nada que ver.
Este es ahora mismo el mayor símbolo mundial contra la intolerancia religiosa, la más cafre de las intolerancias, y por tanto debe ser enarbolado a los cuatro vientos.
A ver si así, esa chusma paranoica, traficante de dogmas huraños y sanguinarios, que anhela enfermizamente el hacer pasar a Europa por el aro de una segunda inquisición, se entera de una vez por todas de que no conseguirán aterrorizarnos nunca, y de que aquí, a los cerdos, nos los comemos con patatas.

Y aunque el humor que en este blog se gasta es plano e infantilizado, ni provocador, ni picante, ni políticamente deslenguado, que quede bien claro que ante la sinrazón Food and Drugs est aussi Charlie Hebdo.

sábado, 3 de enero de 2015

Roedores corredores


Llega Enero y una vez más, hay que cambiar el año viejo, a pesar de estar todavía en bastante buen estado, por uno nuevo.
Yo esto, para qué nos vamos a engañar, nunca lo he entendido muy bien.
Ya sé que se supone que lo que debería hacer es, como todo el mundo, ponerme a derrochar felicitaciones y buenos propósitos para con el ilusionante periodo que empieza, pero es que yo, qué le vamos a hacer, soy de naturaleza pesimista.
El otro día oí decir no sé donde, y a no sé quien, que la vida era una carrera de ratas, y, fijate tú, se me quedó grabado.
Por eso he estado pensando que ya desde niños deberían educarnos para ello, y de alguna manera concienciarnos para lo que nos espera.
De hecho he ideado una serie de dibujos animados, los “Roedores corredores”, que cumpliría perfectamente la función de a la vez entretener y educar en esa dirección.
La única pega es que probablemente no se emita en el 2015. Ni tampoco muy probablemente en el 2016.

Lo dicho, sale más a cuenta no hacerse demasiadas ilusiones, y salir corriendo a toda prisa tras el taquito de gruyere. Básicamente para no tener que conformarse con los agujeros.

martes, 11 de noviembre de 2014

Ataque de fuerza bruta


Esto ya lo intuyeron los grandes pensadores de todos los tiempos, no hay peor loco que el que cree estar completamente cuerdo.
Pero la locura, en realidad no es en sí perniciosa sino cuando los actos que de ella emanan lo son por sí mismos. Vamos, que un chiflado cualquiera, coge un pincel y es un genio, pero este mismo señor pasa automáticamente a la condición de psicópata, si lo que le da es por la motosierra.
Esta dualidad, locos iluminados-locos de pesadilla, alimenta la ya de por sí esquiva noción del término locura, y hace que cualquier desorden mental, por pequeño que sea, lleve implícita la posibilidad, y la propensión, a un desbarajuste mayor.

Porque toda pequeña chaladura, por sana y anecdótica que finja ser, lleva siempre en su seno el germen del caos y del fuego purificador, el deseo de autorrealización al más alto nivel. Nadie sabía mejor de esto que Nerón, el emperador romano que pasó de artista a pirómano, y que, no es cosa independiente, odiaba sin recato a los cristianos, verdaderos monopolizadores del concepto de locura llevado al extremo. Demasiado prestos siempre al martirio, predicando a todas horas la renuncia a los placeres mundanales. O demasiado locos o demasiado cuerdos. En cualquier caso, unos peligrosos agitadores de conciencias. Y, por otra parte, rivales muy duros para alguien que tenía la necesidad patológica de concentrar sobre su persona toda la atención del mundo.

Todas las religiones, ya que las hemos mencionado, son una oda a la irracionalidad. Esto es un hecho palmario, y es por eso que tantísima gente las considera el mayor y más perjudicial de los desatinos. Pero curiosamente, tomadas en pequeñas dosis, cumplen una valiosísima función homeopática, reforzando al organismo, a su sistema inmunitario, (ahora hablando no del sistema físico, glóbulos blancos y demás, sino del puramente psíquico; no del hardware, sino del software), contra sus males endógenos, los que se originan en su propia sala de máquinas, y que son comparativamente mucho más virulentos.

Así, las paranoias colectivas son la mejor protección que existe contra las individuales. Creencias y credos, política y más allá, son las mejores tomas de tierra que existen para los saltos de tensión en el suministro eléctrico de las sinapsis neuronales.
El gran problema se come al pequeño, y esto, en el caso que nos ocupa de las enfermedades mentales, se cumple a machamartillo.
Si uno teme al infierno, si teme a la cartilla de racionamiento o al paredón, difícilmente se puede dejar intimidar por una vulgar y corriente crisis de ansiedad.

Sí, así es, para librarse de las desagradables molestias de los pequeños problemas, la receta que funciona es la de someterse a la tiranía de una preocupación mayor. Una que produzca un canguelo mucho más asfixiante y desgarrador.

Uno capaz de ejercer en tu mente lo que en términos de ciencia computacional, y por analogía simple, se denominaría un “ataque de fuerza bruta”.
Pongamos el ejemplo de un programa informático que hemos descargado de la red en nuestro sistema, y que para que funcione correctamente, y poder empezar a trabajar con él, necesitamos una clave, una contraseña, que nos permita acceder al menú. Algunos aquí pensarán: La vida misma.
De hecho, esto no es otra cosa que una extrapolación al día a día del ser humano.
Un ser humano inmerso en su permanente lucha por descifrar las claves que regulan su entorno, las que le abren las puertas que desea o necesita franquear, para poder seguir adelante con su proyecto vital.
Pues bien. Si desconocemos esta clave, y nos es perentorio el obtenerla a toda costa, el único remedio es lanzar el referido ataque de fuerza bruta.
Mediante este procedimiento toda la potencia operacional del sistema, y con ella todos sus recursos, son dedicados a alcanzar este objetivo. No importa el volumen de tiempo y energía que se consuma en el proceso. No importa que el plan, con su simpleza, con su recurrencia en bucle, arruine todas las otras potencialidades de que se disponía en el momento en el que se decidió implementar.
Esta gran campaña militar del intelecto, no es locura creativa en absoluto, es locura de matar moscas a cañonazos, pero sana al individuo, o lo que es lo mismo, impide que enferme. Dicho de otro modo, lo vivifica, como vivifica una buena poda a un árbol que languidece bajo el peso de todas sus ramas marchitas.
Fuego purificador, o formatear de vez en cuando el disco duro, léase el de carne y hueso. Elegid la metáfora más de vuestro gusto, pero la clave que se busca, la tan anhelada contraseña que conduce al siguiente nivel, yace más allá de la comprensión de un ente inteligente y, por más que nos repugne la sola idea de condescender en ello, del mantenimiento de un enfoque racional.
Fuerza bruta, esa es la clave. Temor al palo gordo, a la gran calamidad, a un infortunio más allá de todo pensamiento sereno. Un algo tan sumamente horrendo que eclipse a todo lo demás… Y los problemas, esos pequeños problemillas que te daban tan mala vida, se convierten en un juego de niños.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Pax domesticus


Estamos en una época que no invita al optimismo.
Ser joven en estos tiempos que corren no debe ser cosa fácil, aun cuando ser joven siempre es más llevadero que ser viejo, eso está claro.
Por supuesto habrá capas de la población a las que la crisis apenas les haga cosquillas, pero para todos aquellos jóvenes cuyos padres un día fueron clase media, esta época de sus vidas debe ser una auténtica pesadilla.
Cuesta de hecho imaginar cual es el efecto que, la merma cotidiana de la economía paterna, ejerce sobre aquellos que están en edad de merecer. Yo, personalmente, creo que me volvería loco.
Es, supongo, como estar atado de pies y manos, y con un esparadrapo en la boca. Oculto en un sótano cuya llave, se ha perdido en una riña entre los propios secuestradores.
Incapaz de saber cómo, cuando o incluso si vendrá alguien a rescatarte. Y si no será entonces demasiado tarde como para evitar el internamiento en un manicomio, o como mal menor, la marginación social, enganchado de por vida a los locales de la beneficencia.
Y todo ello, sin comerlo ni beberlo. Teóricamente, por culpa de la generación anterior a la tuya, que quiso apurar todos los cálices habidos y por haber, en lo que a especulación inmobiliaria (y de toda otra índole) se refiere.
Tú de hecho, estas en una edad en la que, lo que te pide el cuerpo, es saltar por todo, no respetar nada, cuestionar hasta el vuelo de una mosca, y lo que te encuentras es que ese “todo” está de capa caída. No hay nada que combatir, porque todos tus “enemigos” naturales están en desbandada. Los padres, la educación, la sanidad…
Aquellos que antes imponían unas normas y te premiaban o castigaban en función de ellas, son ahora como hojas muertas a las que la corriente va empujando, de torbellino en torbellino, incapaces ni tan siquiera de garantizar su propia flotabilidad. Las víctimas de forajidos sin ley, adscritos al gran latrocino universal, en medio de un pueblo fantasma.
Ciudadanos de bien, de posición acomodada, convertidos de la noche a la mañana en gente asustadiza y desorientada. Incapaces de aconsejar, ni de dirigir los pasos de nadie. Reducidos al descrédito absoluto, y consumidos en la revisión permanente de su sistema de valores. Máxime, cuando se depende de la pensión de la abuela para pagar la bombona de butano.
Ante esta situación de pánico colectivo, la generación venidera sólo tiene dos opciones: Dejarse arrastrar por el curso fatídico de los acontecimientos, y convertirse en náufragos ellos también del sistema, o por el contrario, crecerse ante la adversidad, acelerando por la vía expeditiva su proceso de maduración personal. Solo así podrían comenzar cuanto antes a reclamar su tan necesario e improrrogable liderazgo.
Los jóvenes no pueden permitirse especular con esta dinámica, en la que sus progenitores se van paulatinamente transformando, de domadores de fieras, en conejillos de indias, y que es a todas luces suicida.
El mundo, su futuro mundo, pide una revolución a gritos, por incómoda y anticuada que su sola mención resulte.
No es ya una cuestión de recorte o ausencia de pagas semanales. La lucha del nuevo siglo, la del triunfo sobre los oligarcas de la globalización  asimétrica, ha de financiarse desde la propia energía vital.
Ningún remedio es más potente para sanar a una sociedad enferma, que la renovación de todas sus estructuras empezando por al base, y ahí es donde los jóvenes, las nuevas generaciones, incontaminadas aún, están llamados a ejercer su función desinfectante.

Pero claro, a los que se pasan el día soñando con vivir hipnotizados por la pantallita de un smartphone, a ver cómo les explicas eso…

martes, 6 de mayo de 2014

Her Magic Touch


- 'Oh, Gosh... How I hate this job!'
- 'They get me grabbed by my stuff. That's the point!'

Love heals, they say. But the fact is that hate is truly the only force in nature capable of performing miracles.
Unparalelled on the always misguiding and heartbreaking task of making possible the impossible.
There is, hence, no such thing like 'magic of feelings', but a mere illusion.
Unaffordable reasoning for the animal instincts!!

El amor lo sana todo, que dicen por ahí.
Pero lo cierto es que es el odio la única fuerza de la naturaleza verdaderamente capaz de hacer milagros.
Sin parangón en la siempre ingrata y descorazonadora tarea de hacer posible lo imposible.
Es por tanto que no hay tal "magia de los sentimientos", sino que, más bien, todo se reduce a una mera ilusión.
¡Mucha tela p'a un conejo!

Atención: Dos cosas...
1- Mi inglés está cogido con pinzas. No se recomienda su consumo responsable.
2- Para ver bien los gifs, lo mejor es usar el navegador de Google, Chrome.

sábado, 26 de abril de 2014

Conjugal Love


Conjugal love never tasted so good.
In fact, flies can be anything but hypocritical.
(I love this shit!)
That's my honey!

El amor conyugal nunca supo tan bien.
De hecho, las moscas pueden ser de todo menos hipócritas.
(¡Esta mierda me encanta!)
Pues eso.
¿Para qué contradecir a nadie?

viernes, 4 de abril de 2014

Hurto, robo y penalti no pitado


Estábamos tan bien hasta que llegó la crisis… Todos teníamos de todo, y, de lo que nos faltara, era cuestión únicamente de acercarse a un banco y pedir por esa boquita.

Nadie tenía improrrogables necesidades materiales, como mucho, tal vez nuestra mayor tristeza consistiera en que al pedir la luna, esta no se nos concediera, o no al menos inmediatamente, y ordenada en fajos en un maletín.

Desgraciadamente todo esto cambió el día que los oficinistas de Lehman Brothers comenzaron a desfilar como zombies por las calles de la gran manzana, con sus carpetas, archivadores y demás enseres, apretujados en una caja de cartón.

De pronto, el mundo, o mejor dicho, nuestro mundo, aquel occidente próspero y adinerado, había dejado de ser el paraíso del préstamo fácil, y por las cloacas de aquella burda ilusión, comenzaba a subir un tufo insoportable a chanchullos, desfalcos, corruptelas y latrocinios diversos, que cual epidemia medieval de peste negra, se fue extendiendo por toda la población, y diezmando la honorabilidad y pulcritud, tanto de los pequeños como de los grandes, sin importar, sexo, raza o religión.

Un día era un politicucho, que sin ser poco más que un alcalde rural, se había hecho de oro, y al siguiente la ruleta caía en algún que otro destacado personaje de alta cuna y regia condición, cuyo parentesco con infantas o infantes, le había puesto al alcance de la mano el cometer pero que muy lucrativas infamias.

El país, escandalizado, no daba crédito a lo que veía. Aquellos antaño admirados, y tenidos por grandes próceres, se habían convertido en unos bandidos desorejados, impulsores de la monumentalidad en sus obras públicas faraónicas, al mismo tiempo que de la de sus cuentas privadas.

Y al final era todo una cuestión relativa al poder. El poder corrompe, se repetía sin cesar en cada esquina. El que manda, se desmanda.

Pero tal vez, aún sin dejar de ser razonablemente cierto, tan solo se tratara de una simplificación.

Quizás, a mi modo de ver, sea la vida, y no tan solo el poder, la que corrompe. Una vida repleta de insatisfacciones, donde todo hijo de vecino percibe lo que sucede a su alrededor bajo los parámetros autocomplacientes de su propia moral.

El poder, y el no poder, todos en el mismo saco, y ninguno menos ruin.

Envidia e injusticia, devendrían así en conceptos superponibles e interdependientes, ambos emborronados por el ansia de hacerse con lo ajeno, de tener, de poseer, de detentar la propiedad de aquello que brilla y refulge en la órbita del prójimo, y que ciega mi ojo de urraca desesperada de la vida.

Ya no es sólo el poderoso que se vale del cargo para desvalijar las arcas de su encomienda. El ama de casa, recortada cual cupón promocional, el anciano, cuya pensión se ha metamorfoseado en el subsidio de sus hijos desempleados, el adolescente, de cuya paga semanal apenas conserva un vago recuerdo, no pueden por menos que sentirse justificados, ellos también, como Robin Hood, o ya sin tanto glamour, como Sánchez Gordillo, a dejarse arrastrar por los cantos de sirena del bandolerismo y la cleptomanía.

Por tanto, no es solo el gran defraudador de guante blanco el que emponzoña y desvirtúa la sociedad, también está el pequeño hurto en el supermercado, las tres o cuatro latas de mejillones en escabeche que vuelan de la estantería al bolso sin pasar por el lector de códigos de barras. Unos y otros se sirven pues la excusa en bandeja para actuar impunemente. Siendo, por otra parte, la única diferencia, como todo lo demás en la vida, la categoría o el nivel en el que se mueven los perpetradores.

Las cifras que se manejan, si damos crédito a lo afirmado en el programa Equipo de investigación de Antena 3 TV - en cuyo informe se inspira este post - son de órdago.

Y de nuevo, las pérdidas causadas al comerciante, al empresario o al distribuidor de turno, no piense nadie que se las comen con patatas, sino que le son repercutidas al consumidor final mediante lo de siempre, un alza de precios.

Es decir, exactamente lo mismo que venimos observando de banqueros y promotores inmobiliarios, cuyas deudas y agujeros financieros, un año detrás de otro, y así sin solución de continuidad, se apuntalan con impuestos, parches y recortes presupuestarios, a nombre del ya más que harto, indignado y aburrido, ciudadano de a pie. Sin nadie para asistirle, ni para reconfortarle, y menos aún para defenderle.

Los culpables saldrán como lo árbitros comprados, cuando han hecho una gorda, de los terrenos de juego, parapetados bajo los escudos de la policía antidisturbios. Habrá follón durante unos cuantos días en la prensa del ramo, proliferarán los tertulianos vociferantes y maleducados, y eso será todo.

Y así es, estimados lectores, como está montado el invento.

Así que, ya sabéis, si vuestra urraca interior grazna desconsolada… No pidáis la luna. ¡Robadla!