jueves, 27 de julio de 2017

El hacha de Mambrú




¿Era Mambrú un hacha? Difícil creerlo.
Sea como fuere, él no se anduvo ni corto ni perezoso cuando la desenterraron, el hacha, y allá lio el petate, cogió (sin preguntar a nadie) el fusil de Johnny, y se fue en busca de aventuras bélicas en tapa dura y a todo color.
Mas él ignoraba que la señal era monocanal, y únicamente llegaría a su retina en rojo y gris, sangre y polvo. A lo sumo, mugre negruzca.
Pero eso a Mambrú no le echó para atrás. Un valiente como él, bien plantado, y con un par (de granadas, de pistolas, de cartuchos de balas, con un par de casi todo) ¿A quién podía temer?
No se arrugó, no, nuestro Mambrú. Si acaso alguien lo arrugaría en contra de su voluntad, pero eso ya son extremos de los que no da detalles la canción.
El bueno de Mambrú…  O mucho le gustó el invento, y se hizo un sitio en la carrera militar, o le dejó mal sabor de boca para toda la eternidad.
Pobre Mambrú…

¿Cómo iba él a saberlo? Do-re-mi, Do-re-fa…

jueves, 13 de abril de 2017

Trazos de la India



La India, un país inmenso, excesivo, inaprensible. Un bazar de etnias, lenguas y religiones, desperdigadas por un escenario gigantesco, que sin embargo, tal es su prolijidad, hasta se les queda,  se nos quedaría, pequeño.

Sin duda es un lugar de contrastes. Un palacio de níveos mármoles con incrustaciones de lapisazulí, en medio del basurero más hediondo. Tal es así que, entre dioses y ratas, apenas hay diferencia, pero al nivel de los humanos, en cambio, toda una jerarquía de castas tiene lugar, siendo estas categorías estancas, impermeables e inamovibles por y para la eternidad.

La India no sería lo que es sin estas y otras muchas contradicciones. Para superarlas, ellos apelan al karma, a la espiritualidad, y desde luego, que difícilmente se atisba otro remedio. Dejar hacer a la entropía del universo, parece ser la única fórmula científicamente satisfactoria, en medio de un caos capaz de lo mejor y de lo peor.

¿Quién, en este mundo, puede sentirse indiferente a todo un subcontinente, tan rico, y a la vez tan pobre? Pues, para ser sinceros, casi todos nosotros.

De hecho me cuesta imaginar un país más paria en el mundo. Uno en el que la relación tamaño/influencia, arroje unos valores más parcos y decepcionantes. Lo cierto es que desde el punto de vista occidental, que es el que impera hoy en día, la India y sus habitantes cuentan poco, por no decir absolutamente nada.

Su cultura, su historia y sus tradiciones se contemplan como rarezas fascinantes, ante las que una mirada más profusa, más alambicada, podría arrastrar nuestra inteligencia a la borrachera. Un extraordinario eclipse de sol al que, si bien, no conviene mirar demasiado directamente.

Seguramente todo en esta región del mapa es un desafío a los sentidos, y tanto más aún a la mente, que se siente desbordada. Y quizás un fuego en exceso abrasador para el que solo busca una buena lumbre en la que cobijarse.
Un turista de viaje por sus calles y caminos siempre tendrá la desasosegante sensación de que se está perdiendo el noventainueve por ciento de lo que deseaba ver y sentir. De ahí que los sabios y filósofos de esa tierra siempre coincidieran en una máxima inmutable: No desees.

Pero claro, esto, para occidentales como nosotros, a los que tan poco nos gusta aburrirnos, nos suena a chino. No hay duda de que nos equivocamos.

Mirar a la india con otros ojos es obligatorio para todos aquellos que crean, o deseen creer, en existencias fecundas más allá de la monotonía. 



sábado, 4 de febrero de 2017

Payasadas Internacionales

-          
  

¡
     ¡Alerta Mike!
         ¡Adelante Tim! ¡Te recibo!
     Tenemos un payaso con un arma que está sembrado el pánico en las pistas del aeropuerto estatal.
-          ¡¿Otra vez un payaso con un arma?!    
      No, Mike, esta vez es un payaso de verdad. Un payaso, como Miliki, Fofito, Charlie Rivel, Ronald McDonald, Trump…
-          No te entiendo, Tim. Quizás no te he escuchado bien. Ríete si quieres, pero me ha parecido oírte hablar de un tal Miliki…
-          Esto es muy serio, Mike. Y no tenemos tiempo que perder, así, andándonos por las ramas. Necesito que vengan enseguida tus muchachos.
-          De acuerdo, Tim. Están saliendo ya varios coches patrulla hacia allá.
-          Oh, no, Mike. No es uno solo, son dos. Dos payasos. Y los dos armados.
-          Perdona. ¿Has dicho que son dos y que van armados?
-          Sí, Mike. Portan armas cortas, por lo que he podido ver desde aquí, y lo peor de todo, han tomado como rehenes a dos azafatas de vuelo.
-          ¿Son de altos vuelos?
-          No te entiendo, Mike, ¿A qué viene eso?
-          Olvídalo Tim, es sólo que necesito más detalles. ¿Hay algún herido entre el pasaje o el resto de la tripulación?
-          El comandante del aparato. Lo han puesto fuera de combate de un culatazo.
-          Espera un momento, Tim. Me dijiste que portaban armas cortas…
-          De un culatazo, de un golpetazo con el culo… Son payasos, Mike. Ya te lo dije. No acaba de entrarte en la cabeza.
-          Pe… Pero…
-          Tenemos que reducirlos cuanto antes, o será mucho peor.
-          ¿Reducirlos? ¿Cómo? Si son dos, tendríamos que hacer que al menos uno desapareciera.
-          ¿Estás de broma, Mike? Podríamos hacer desaparecer a las azafatas, como mucho, y en el caso improbable de que, además de azafatas de una aerolínea, lo fueran también de un espectáculo de magia…
-          Estamos perdidos, Tim. No podemos negociar con esa gente.
-          Necesito a tus muchachos ya. Es cuestión de risa o muerte.
-          De vida.
-          No, de risa. De mearse de risa. La vida puede esperar; la risa, no. O es ahora o es nunca.
-          No me asustes, Tim. No es momento para heroicidades. Sangre fría. Recuerda lo que nos enseñaron en la academia.
-          Lo siento, Mike, esos payasos han agotado mi paciencia. Voy a abrir fuego.
-          Noooo. Tim. Podría haber víctimas inocentes… ¿Tim?... ¿Tim?... ¿Tim, me escuchas?
-          ¿Qué tal, agente?, ¿Le suena esto?: ¿Cómo están ustedeeees?
-          ¡Qué diablos!
-          Ha,ha,ha,ha (carcajada maléfica)
-          ¡¿Quién está ahí?! ¡¿Con quién hablo?!
-          ¡No! Yo soy el que hace las preguntas… ¿Conocía usted mucho a Tim?... Un tipo callado. Pero no tanto como últimamente. Más en concreto, como en los últimos segundos… Ha,ha,ha,ha…
-          Malditos sean, (sollozando) le han metido una bala a Tim…
-          ¿Una bala?... Nah. Solo ha bastado un buen culatazo.

lunes, 23 de enero de 2017

En la Tierra del Fuego


Por lo visto la Tierra del Fuego está llena de llamas, y aún así hace un frío que pela. Qué cosas, ¿eh?.
Bueno, la verdad es que no tengo ni pajolera idea de cuál es la fauna de esa mítica región sudamericana, pero la imaginación es libre, ¿no es cierto?... Claro que ya puestos, también podría haberme inventado unas llamas tipo "unicornio", y hacerlo aún más kitsch...
Para el próximo post.

sábado, 7 de enero de 2017

Sin compromiso de permanencia









Vivimos en un mundo en el que en ocasiones, sólo en contadas ocasiones, tenemos la suerte de recrearnos con su belleza natural. Antaño tan presente, y hoy completamente alejada de nosotros. Y ello siempre en contraposición con la sobreabundancia y el bombardeo de propaganda con la que se cacarean e inflan las virtudes de las cosas artificiales.

Así, y sólo así, es que hemos llegado al absurdo de encontrarnos en los supermercados con naranjas peladas y embaladas en estuches de polietileno. En mi opinión, la cuadratura de la estupidez humana.

Desde luego que esto es lo que nos merecemos, en nuestro afán por cambiarlo todo (supuestamente para mejor), y adaptarlo al estándar del capricho y el confort momentáneo.
Llevamos siglos haciéndonos la vida más sencilla, teóricamente, a base de ir limpiando de nuestro entorno inmediato todo aquello que nos remita a la naturaleza tal cual, y por ahora, se supone que la cosa funciona aparentemente bien… ¿Sucederá en cambio que llegue el día en que esta desconexión sea total,  se revele entonces como nefasta, y no haya ya manera de dar marcha atrás?

Por suerte para nosotros, la naturaleza no piensa, no siente, ni se enfurece con nuestra actitud, ni está por tomarse revanchas (al menos no definitivas). Pero a veces sí que se echa en falta una buena colleja por su parte.


Un pequeño toque de atención. Un decir “Esto se ha acabado, amigos”, y retirar de la circulación, qué se yo, por ejemplo las flores, o las nubes, o los arroyos, o el blanco impoluto de la nieve. Que de pronto recibiéramos un servicio de segunda, y no la fórmula Premium de la que disfrutamos ahora. Quizás entonces aprenderíamos a valorar todo eso que ni se compra ni se vende, ni se puede envolver en papel de regalo, ni cabe debajo de un arbolito de plástico made in la Cochinchina.