martes, 8 de julio de 2008

Las Rebajas a la palestra


Near translation: I love so much shopping, that I've decided to dramatically shorten my purchase's lifetime.
La primera imagen que me viene a la mente cuando alguien menciona , o comenta algo acerca de las rebajas, es, no se por qué, el de aquella cadena de tiendas en Inglaterra (Harrods creo recordar) donde las muchachas (jovenzuelas y no tan jovenzuelas) se agolpaban tras las puertas de los grandes almacenes, y allí permanecían, entre empujones, codazos y una tensión que se cortaba con un cuchillo, hasta que sonaba una bocina y entraban en avalancha, llevándose por delante a todo aquel incauto que osara cruzarse en su paso.
Supongo que será porque tengo propensión a fijarme y a retener en mi memoria con más facilidad lo cómico o dantesco.
Y no es que yo sea un enemigo acérrimo del consumismo, ni muchísimo menos (no desde luego como para retirarme a un monasterio tibetano), ni voy a discutir el éxito incontestable del que gozan siempre las rebajas.
Sin embargo he de preguntarme, más que nada porque este blog es así de inquisitivo, si realmente ese éxito está lo suficientemente justificado.
Por decirlo de la forma más amable que se me ocurre: ¿Se trata realmente de una oportunidad para el consumidor menos solvente, o es simplemente un reclamo para atraer más gente a los comercios?
Mi experiencia después de haber participado muchas veces ya de esta fiebre, es, si bien, la de no encontrar nunca nada de mi gusto, a las cifras de cuya etiqueta se les hubiese practicado descuento alguno.
Y he llegado, naturalmente a fuerza de desengaños, a la conclusión de que la ropa buena, en general los artículos de calidad, nunca se rebajan.
Para mí hoy esto ya no es ningún secreto. Y es una verdad que no cambia. Da lo mismo que busque y rebusque entre las pilas de prendas amontonadas bajo un cartelito en el que se lee “todo al 50%”. Es probarme una camisa y parecer que llevara los dos brazos ortopédicos, un pantalón, e independientemente de la talla que sea, encontrármelo apretujando maliciosamente alguna parte blanda de mi anatomía.
Por supuesto, de los zapatos ya no debería ni molestarme en decir nada. Sencillamente se rebajan los que han quedado sin vender: Los que no le han gustado a nadie, bien por lo feos que son, o por el daño inhumano que hacen.
Pero claro, los vendedores que son muy cucos, ya lo tienen así montado, y les funciona de perlas. De hecho, lo primero que uno hace tras enfundarse uno de esos trapos rebajados, es ir corriendo al probador con otro en la mano, ahora sí, de los buenos (de los de marca), simplemente para cerciorarse de que todo sigue en su sitio, y que nuestra imagen personal no se ha quedado impregnada de esa apariencia previa tan insatisfactoria.
Y entonces, envueltos en el relax y la complacencia que ello nos produce, y al mismo tiempo, azuzados por el miedo atávico a nuestra propia fealdad, que no hace ni un instante que venimos de contemplar, terminamos, de manera inconsciente, poniéndonos en las manos salvadoras de nuestra tarjeta de crédito.
Dicho todo esto, estimados lectores, es bueno que sepáis si acaso, que en Food and Drugs ni ahora ni nunca haremos rebajas. Eso de “¡¡Tiramos los precios!!” no va con nosotros. De forma que podéis estar tranquilos.
En cualquier caso, tampoco tendría mucho sentido ponernos de rebajas, porque al fin y al cabo Food and Drugs es gratis!!!


3 comentarios:

dodo dijo...

Muy bien dicho.
Reí mucho con la chica en el dibujo- me parece que hay muchas como ella! :-))

Vhrsti dijo...

Cool cartoons here!!!

Edrian Thomidis dijo...

Gracia por visitar mi blog! Me alegro que te gustara mi ardillita! Tu trabajo esta super chevere. Te felicito!