viernes, 16 de noviembre de 2007

Frío Polar



No seré yo quien a estas alturas vaya a cuestionar la realidad del cambio climático, que por desgracia amenaza con convertirse en un problema más gordo de lo que, en el fondo, supone la muerte por ahogamiento de unos cuantos osos polares, la licuefacción de esos bonitos glaciares de postal o la extinción de morsas y pingüinos. Los estudios cientificos son claros a este respecto. O dejamos de quemar combustibles fósiles a todo trapo, o el planeta entero se convertirá en una sauna irrespirable, donde los vahos eucalípticos se habrán sustituido por atmósferas altamente tóxicas y/o corrosivas, enemigas de la vida tal y como hoy la conocemos.

No obstante, tal parece que estos días de heladas, en que hasta los termómetros tiritan de frío, y en los que irracional y absurdamente llega uno a compadecerse incluso de las cosas inertes que han de aguantar estoicamente el tipo, se habla un poco menos del tema, y da la impresión de que se llega a obviar completamente. ¿No es verdad?

En fin, bienvenido sea pues el crudo invierno... ¡Pero mientras no flaqueen los radiadores!