domingo, 7 de octubre de 2012

Histeroide



¡Qué gran misterio es el futuro!

Da igual que haya cientos o miles de profecías acerca de él, cientos o miles de sesudos estudios de las más prestigiosas universidades del mundo, cientos o miles de predicciones basadas en algoritmos pseudoaleatorios de base piramidal... A medio y largo plazo, el destino, sigue siendo inextricable.
Terco y caprichoso como él solo.
Tan pronto el inesperado ramo de rosas rojas de un admirador secreto, como la maceta que baja rauda a tu encuentro desde un quinto piso, sin molestarse en coger el ascensor o las escaleras.
Afortunadamente, y por lo que a nosotros, el ciudadano medio, respecta, la realidad del día a día es lo suficientemente previsible como para ir adaptándonos sin demasiados sobresaltos.

¿Quiere esto decir sin embargo que no hay grandes alicientes?
¿Que está todo inventado, todo descubierto?

Eso pensábamos, pero de pronto va y aparece el huidizo “lesula”, una nueva especie de primate, que al parecer permanecía oculta en la selva congolesa más impenetrable, quizás, quien sabe, para no tener que cruzarse con nosotros, los humanos, a quienes, de ser así, no me cabe duda, tendría que conocernos bien de antemano.
Sería, de hecho, el primer caso en la historia de la biología en que esto sucede así y no a la inversa.
Por eso que nunca es bueno anhelar una fama excesiva.

Los pobres tenían la suerte de hallarse todavía lejos del alcance de nuestras manazas, beneficio del que a partir de ahora ya no podrán gozar. ¡Y quien sabe qué será lo que el porvenir les deparará!
¿Sustituirán a los macacos en las jaulas de los laboratorios?

Sin duda esa cara de pánfilos que tienen, a la que unos encuentran un aire a Jesús de Nazaret, y otros a John Lennon, los hará más susceptibles de ser sometidos a todo tipo de atentados y crucifixiones, por medio de experimentos científicos de toda ralea. Experimentos como el que, valga el inciso, llevó a cabo Cecilia Giménez, la octogenaria pintora de la localidad aragonesa de Borja, con el fresco del Ecce Homo de su parroquia.

El ser humano es un sujeto harto fastidioso, esa es la verdad. Le dejas algo hermoso entre las manos y te lo devuelve hecho un pringue.
Si les preguntáramos a todas las demás especies del planeta que conviven con él, pocas serían las que hablarían bien. Quizás las palomas, los perros y con un poco de suerte los gatos… Las ratas y las cucarachas se abstendrían por razones sentimentales e ideológicas, pero desde luego sin perder de vista los beneficios e intereses que para ambas se derivan de su febril actividad generadora de basuras. El resto, en cambio, no se andaría por las ramas… El día que el primer mono se bajó del árbol, habría que haberlo linchado.

En fin, que no hace falta ser un iluminado, ni un gran profeta místico, ni someterse a brutales ayunos para alcanzar la revelación sobre lo que nos espera como civilización, e incluso como especie u organismo viviente mínimamente viable.
Y no tan a largo o medio plazo como mucha gente cree.
La carrera que llevamos, eso es más que evidente, es la de darnos de bruces contra nuestro propio afán transformista y depredador.
Será que a diferencia de lo que solemos aceptar como cierto, seguimos siendo como esos otros animales incapaces de reconocerse en el reflejo del agua de un estanque.
Nosotros, equivocadamente, seguimos viendo a un ser inteligente, estilizado y armonioso, el elegido de los dioses como cúspide y consumación de su gran obra, y no, como en realidad correspondería, al que por desgracia ahí se oculta, mimetizado con el fango del fondo: El monstruo de las galletas.


Resumiendo, que no hay tal misterio acerca del futuro. Que tal vez lo único misterioso sea el averiguar de donde sale esa manía nuestra de, a pesar de todo, seguir siendo tan enfermizamente optimistas, y de creernos que a la vuelta de la esquina todavía nos espera un universo entero por descubrir, libre de profecías apocalípticas, torvos asteroides, silos radiactivos, cabezas nucleares, y así una larga lista…
Poblado, en su lugar, por miles y miles de millones de comedidos, respetuosos y pacíficos lesulas.
Tantos como estrellas en el firmamento.

2 comentarios:

Genín dijo...

Menuda faena le han hecho al pobre mono con su descubrimiento, tenían que haber callado sobre el lugar de su hábitat, imagínate que a cada ricachón le apetezca tener una parejita, se jodieron los monos...
En cuanto al futuro, el tuyo y el mio los tengo muy claros...jajaja
Salud

La Perfida Canalla dijo...

Me ha parecido toda tu reflexion muy interesante ¡y entretenido!

Por cierto soy Pérfida
Un saludo coleguita