martes, 9 de noviembre de 2010

La jungla del bienestar


Uno de los baremos tradicionalmente usados por el populacho para cuantificar la magnitud de las crisis económicas, recesiones y pelotazos cesantes es y ha sido siempre la afluencia de público a bares, restaurantes, discotecas, y en general locales adscritos al vetusto y honorable negocio de la hostelería.
Del análisis de la fauna que los habita, su censo y clasificación, depende pues en gran medida la percepción por parte del ciudadano de a pie, de la erosión que el derrumbe de los mercados financieros, o el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, tiene, o está teniendo, en el entorno más inmediato en el que vive.
Llama por tanto la atención a muchos, el hecho de que a pesar de que en medios informativos de todos los pelajes se coreé a bombo y platillo la magnitud de las cifras de desempleados, o de déficit público, o de recortes en prestaciones sociales – resumiendo, de la macrocrisis económica global – la tapería de la esquina de su barrio se siga poniendo de bote en bote todos los sábados, domingos y fiestas de guardar.
Y entre esos muchos me encuentro yo.
(Yo… sí… Escéptico por naturaleza… La duda cartesiana elevada a su grado supino... Razonador de lo inverosímil, de lo opuesto y de lo peripuesto.)

Porque, siendo como era esta, en principio, una situación excepcional, que si bien dura ya más de dos años, ¿No resulta chocante que la población la haya asumido con tanta pasividad, si no - si se me permite - tan frívola indiferencia?
Ha habido, de hecho, o eso dicen las estadísticas, montones de desahucios, despidos, prejubilaciones, e incluso una huelga general, y nada de ello ha conseguido mermar o atenuar las ganas de juerga de los parroquianos. No hay, por así decirlo, una conciencia colectiva de drama. No se palpa, a mi entender, en la calle. Desde luego si que se estará viviendo en privado, pero… ¿Es posible que los más afectados hayan conseguido metabolizar, sin necesidad de grandes sacrificios, ese eficacísimo tonificador del espíritu que es el “panem et circenses”?

Aunque, después de todo, puede que en realidad no haya tanto de lo que sorprenderse.
Como bien dijo Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat de Cataluña, en una reciente entrevista televisiva, la diferencia de esta crisis con respecto a las otras por las que anteriormente había atravesado España, es que era una crisis de país rico, mientras que las otras lo habían sido de país pobre.
Algo en lo que coincido plenamente.
¿Pero es esto realmente así? ¿Dan las exangües arcas del estado para tanto? ¿No hemos pues de preocuparnos en exceso por la salud de nuestra sociedad del bienestar, si acaso con unos achaques de lo más intrascendente…?
Yo, por mi parte, creo que la bestia de tres cabezas, y que echaba fuego por la boca, parece que empieza a estar un poco más domesticada, pero hay algunos puntos que, no obstante, quisiera matizar:

1. España, y en general el mundo occidental, se está empobreciendo, en términos relativos, como consecuencia de una redistribución de la riqueza hacia las nuevas potencias emergentes.
2. La propia renta interna de los países, se redistribuye a su vez, pero en este caso no de forma homogénea, sino para acrecentar las desigualdades. Esto es, cada vez hay más multimillonarios repartidos por el mundo, pero también más pobres, y muchos de estos donde antes no solía haberlos.
3. La gente no entiende del todo los porqués de los desbarajustes económicos, pero asume las penas y castigos en su condición de fiel lacayo, como expiación de su naturaleza pecadora. Es como se ve, una forma de pensamiento mágico, que enlaza muy directamente con el de las primeras poblaciones de nuestros antecesores del Paleolítico tardío.
4. La China comunista (y de libre mercado), y en particular su política expansionista, amenaza con esquilmar todos los recursos del planeta Tierra, para fabricar con ellos millones y millones de artículos de lo más variopinto, y de dudoso buen gusto, a precio de risa, e inundar los extrarradios del orbe de bazares, tiendas, y restaurantes de todo a cien. Su meta de hecho, es revolucionarnos culturalmente, y que antes de 15 años hayamos abandonado las hamburguesas y la coca-cola, y nuestra dieta se componga de ratas y licor de serpiente.
5. En España no nos gusta, nunca nos ha gustado, trabajar. (Malamente vamos a salir así del bache…Vive dios.) Yo mismo, he hecho un gran esfuerzo a la hora de confeccionar este post, y os diré la verdad, me encuentro un poco pachucho.
Bueno, pachucho tal vez no, pero sí raro. Aunque algo rarito nunca he negado que sí que lo fuera.
Recapitulando. Que las familias españolas, o las latinoamericanas, también muy presentes en este blog, o los moradores de las antípodas, tienen argumentos de peso para preocuparse, al igual que lo hace el ya un poco senil Tarzán y los suyos, como muestra el dibujo. Pero que si prefieren inhibirse, lo comprenderé perfectamente. Porque de agoreros ya está uno hasta la coronilla, y como reza el dicho: Bien predica quien bien vive.
Saludos y hasta el próximo post.

7 comentarios:

Genín dijo...

Bueno, es verdad que vamos para dos años de crisis, el paro tambien dura dos años, luego quedan los ahorros, los propios y los de la familia, por fin el sableo, así que todavia no hemos llegado al hambre, es lo que esperan los sociatas, que antes de las elecciones esto se haya empezadado a arreglar, por que si no, verás tu la sangre en el rio...
Mencionaste China, te dejaste India y Brasil, como gordos...jajaja
Salud

Alice se perdió dijo...

Que hay familias desalojadas de sus casas por impago de hipotecas, que cada vez hay más familias con todos sus miembros en paro, que Cáritas ha incrementado considerablemente el número de comidas que da a los "del país" en sus comedores de beneficencia o que los funcionarios han visto mermadas sus nóminas y los pensionistas verán sus pensiones congeladas, son hechos que a todos, de una forma u otra, nos constan. Pero también nos consta que la gente sobrevive, ya sea gracias a la economía sumergida, gracias al Estado, gracias a la familia o a la sustracción de bienes ajenos, como el cobre de las catenarias... Y por eso, seguiremos tomando cañas y patatas bravas en el bar de la esquina mientras socialmente se acepte la evasión de impuestos, mientras el Estado pueda endeudarse todo lo que no recauda porque no meterle mano de una vez al dinero negro, mientras los padres de los parados tengan una pensión congelada de jubilación y una casa pagada, y quede cobre disponible en las infraestructuras que se hicieron cuando íbamos de país rico. Pero aún siendo nuestro panorama tan halagüeño por nuestra condición de reino de la picaresca, lo que más me inquieta, aún a riesgo de pecar de agorera, es que, si la clase media occidental (la española incluida) seguimos cayendo en barrena, cuando toquemos fondo, no vamos a saber contra quién revolucionarnos, porque los que ostentan el control de las cosas hoy en día, no tienen cara, ni título nobiliario, ni familia, ni nombre, ni apellido. ¿Quizás sea ese el motivo por el que nos dejamos llevar por la apatía?

Merce dijo...

El dibujo es buenísimo.

La cosa está mu jodía, si me permites la expresión. Si es cierto que los bares se siguen viendo llenos... Quizá eso se de lo último que se quita uno cuando hay que apretar el cinturón, a lo mejor es porque el rato del bar es el mejor del día... y claro ya sólo hace falta quitarnos también los buenos momentos... No sé...
Si sé una cosa: conozco muchísima gente que se ha quedado en paro, yo misma. Y mucha gente empieza a terminar de cobrar lo que les corresponde, o sea, que esto todavía puede ir a peor...

:-)

Tordon dijo...

Estimado Fúd an Drús:
Comparto su estupefacción ante la pasividad y resignación con las que nuestros conciudadanos aceptan la lamentable situación que nos toca vivir.
Sin embargo, por aquello que las especulaciones son gratuitas, permítame exponerle mi hipótesis basada en lo que podríamos denominar "cautiverio ideológico".
Así, no es raro encontrar personas a cuyos padres les han congelado la pensión, le han rebajado su ya escuálido sueldo, tienen a su mujer en paro y a sus hijos peleando por un futuro más que incierto, y que, sin embargo, están contentos porque "mandan los suyos".
Soy un firme partidario de una ley de "Olvido histórico" que obvie estas servidumbres y permita elegir a las parsonas por su habilidad en la gestión de los recursos.
Pero me temo que para ello es necesario que pasen aún un par de generaciones.

Usted me tira de la lengua y yo elucubro, y agradezco lo primero y pido disculpas por lo segundo.

Salu2

Miguel Baquero dijo...

Aparte de que yo no estaría tan seguro de que no haya bajado la afluencia a los bares, restaurantes, etc., yo creo que hacemos mal midiendo las cosas por ese baremo, porque de ser así llegaría el momento en que el Estado nos soltaría 1.000 euros a cada uno para tomar gambas y comprarnos trapitos y asunto solucionado, no hay de qué quejarse.

Yo creo que el problema de la crisis no es tanto si la gente sigue tomando más o menos las cañas de siempre, si no que la gente no tenga oportunidad de desarollar una carrera, los jóvenes no encuentren otra salida que puestos mileuristas, no haya espacio para la innovación, el que vale en su terreno se encuentre todos los caminos tapiados... Ese es el problema.

Si la crisis fuera ssólo cuestión de tomar cañas o salir a cenar, no habría problema: papa Estado nos soltaría 1.000 euros a cada uno todos los meses y todos felices. Pero no se trata de eso, creo yo.

Tomás Serrano dijo...

Totalmente de acuerdo con Miguel Baquero. Estoy seguro de que los bares, y sobre todo los restaurantes, lo están notando...

Alina Chau dijo...

That's truly is a picture tell a thousand word!