sábado, 24 de mayo de 2008

Homeostasis


Cuidado con el palabro que me he sacado de la manga...
Pues bien, según el diccionario de la RAE significa: "Conjunto de fenómenos de autorregulación que intentan mantener equilibradas las composiciones y las propiedades del organismo", y pensé que sería más apropiado que otros que barajé previamente, como "asana barbitúrica" o "yoga con bífidus activos", en los cuales no encontré mucho más apoyo ni simpatías. Aún cuando se les pudiera considerar más descriptivos.

La idea central por tanto gira en torno al por qué de nuestra ansia constante de estabilidad. Un ansia, sobre todo, más acentuada en lo que se refiere a la estabilidad emocional.
Y me preguntaba si este instinto es o no beneficioso para el individuo, que sin proponérselo de manera consciente estaría sin embargo allanándole el camino a la insidiosa rutina, y más en concreto, en que porcentaje puede ser un lastre para los artistas, o eternos aspirantes a artistas, como un servidor, en su árdua y pesarosa peregrinación al wonderland (no confundir con wonderbra) de los genios creadores.

Da la impresión de que en cualquier caso todo el mundo, se tenga o no la vena artística, quiere estar relajado y en paz consigo mismo, y que el santo grial de nuestros días es alcanzar ese estado. Una especie de "iluminación", pero sin ser de demasiados watios. De ahí que para conseguirlo hayan surgido muchas recetas, siendo las de las industrias farmaceúticas y los gimnasios, las que más dividendos generan.
Lo de estos últimos parece un poco una broma: Matarse a correr y a hacer pesas con el objeto de instalarse en ese limbo de lo inmanente, de lo que no se mueve, de lo que no cambia con el tiempo. O lo que es lo mismo, trasladar a todos los órdenes de nuestro esqueleto psico-emocional un afecto insano por la pasividad.
Pero me preocupaba también ese daño a la memoria, a su enorme valor como posesión personal, que le inflige esta moda de lo antioxidante. Nunca se podrán sacar recuerdos buenos (buenos en cuanto que de gran calidad compositiva) de una tabla de repeticiones. Ello, lógicamante, sin hablar de lo que los tranquimazines o valiums se llevan por delante en su sórdida tarea de silenciar a las voces críticas.
Conclusión: ¿Cómo podemos aplacar la tormenta interior, cuando soplan los vientos de la decepción y nuestro raciocinio cede ante sus rachas endiabladas? En mi opinión, no es conveniente.
Es la llamada de la selva, el regreso a la amazonía de nuestros orígenes lo que estamos contemplando cuando se desencadena una de estas tempestades. Sentémonos y gocemos del espectáculo. Cuando las neuronas chillan como sopranos extasiadas, y el auditorio tras la oscuridad espesa escucha acogotado, la experiencia se magnifica.
Los aplausos de un público puesto en pie y lanzando "bravos" como posesos, no lo es todo en esta vida, amigos míos. El éxito, tanto en el amor como en los negocios, en el deporte o en la expresión de la creatividad personal e intransferible, es privilegio de unos pocos. Os podrá ser esquivo, pero por lo que más querais, no caigais en su ausencia en los brazos mórbidos, en las brumas flatulentas, de la homeostasis.