jueves, 29 de octubre de 2015

Telelecomunicaciones





El corazón tiene razones que la razón no entiende, pero dialogando al menos se puede entrever un mínimo de voluntad de acercamiento entre ambas partes.
El problema es cuando entran en liza las hormonas. Las hormonas son anti-sistema por naturaleza. Dales la mano y te cogerán el brazo.
Cuando estas entran al debate, se acabaron las buenas palabras. Y que no huelan el más mínimo resquicio de debilidad, porque son como las pirañas. Su afán por ponerlo todo patas arriba es proverbial.
Y lo peor es que cuando al fin, tras largos años de aprendizaje cree uno tener las suyas domesticadas y bajo control, se topa con las de sus queridos retoños, en efervescencia. La “posesión” pasando de padres a hijos cual herencia envenenada.
Es un ciclo que se retroalimenta, y lo que es peor, a cuatro carrillos.