sábado, 17 de abril de 2010

Fobias y filias


Cuando era pequeño, mis padres me decían que si un extraño venía hacia mí con un caramelo en la mano, y en actitud obsequiosa, debía inmediatamente elevar mi estado de alerta a def con dos, y salir de allí pitando.
Esas eran las órdenes, y se cumplían a rajatabla.
Por lo visto a aquel caramelo, tan inocente en su apariencia externa, ese sujeto vil y ladino podría haberle inoculado con una jeringuilla droga en cantidad suficiente, como para crearme una grave dependencia, de por vida, de esa perniciosísima y muy costosa sustancia.
Claro que, ahora que lo pienso fríamente, nada hubiera cambiado, pues ¿qué niño a esas edades no tiene a todas horas “mono” de golosinas?
Lo cierto, es que estos temores, imbuidos en nuestras cabecitas de tiernos infantes, transcurridos los años, nos resultan ya del todo inservibles. El paso del tiempo, y la experiencia adquirida, van educando nuestros miedos más comunes hasta convertirlos en eficaces herramientas de subsistencia. Es decir, aprendemos a reconocer aquello de lo que debemos razonablemente sentir aprensión, y a evitarlo en la medida de lo posible.
Ya no necesitamos consignas venidas de afuera, hemos implementado nuestro propio sistema de respuesta coordinada ante las emergencias.
Sin embargo este es un proceso imperfecto, y al igual que la cadena de ADN comete errores al duplicarse, toda función biológica es tremendamente susceptible de pifiarla.
De hecho, las fobias, es decir, los temores postizos que por una razón o por otra se han quedado a vivir en nuestras mentes, cual okupas, no son sino los materiales de derribo que quedaron sin recoger de aquellos otros miedos utilitarios de la infancia.
Se podría decir, que de niños nos acostumbramos a traficar y consumir “mieditis”, y que como adultos, seguimos siendo incapaces de prescindir de ella.
Toda fobia además lleva aparejada una filia. El que sufre de claustrofobia, por ejemplo, amará la libertad y los espacios abiertos, y viceversa, al que le gusta encerrarse todo el día en un cuartucho casi sin oxígeno ni luz, el simple hecho de salir a la calle le sumirá en el pánico.
Pero estos son casos de libro. Evidentemente hay situaciones mucho más sutiles.
Un tipo perfeccionista como yo, terriblemente afectado por este mal que suele cebarse con los mediocres, sentirá un inmenso pavor a meter la pata, y sobre todo a meterla en público.
Nada de lo que se cueza o guise en mi cerebro podrá ser amargo al paladar del emperador, so pena de coser a latigazos al cocinero.
Yo habría sido muy infeliz de haber nacido en Corea del Norte, porque allí el derecho a salirse por la tangente parece estar muy - pero que muy - restringido. De hecho, aquí os dejo el enlace a un vídeo para que os hagáis una idea de lo que hablo.
Pero tengo muchas otras fobias y temores estúpidos, que sin embargo no son capaces de compensar mis desbocadas filias y adicciones. Tengo superávit de serotonina, y eso es un problema. Todo ello fruto de una mala organización.
Necesito pues poner orden en mis pensamientos, de natural anárquicos y errabundos, y una solución eficaz podría ser contratar un viaje (¿de placer?) a Corea del Norte, para someterme al certero cincel de los mandamases.
Volvería de allí sin fobias, filias, ni subidones de egolatría. Un hombre hecho y derecho. Con la mente fría y despejada. Más aún, con ella completamente en blanco. Los ojos vidriosos, y babeando cual perro pauloviano, pero tieso como una vara.
Eso sí, presto a transformarme en un abnegado saltimbanqui a una sola voz de mis superiores.
No en vano, nada hace más por la propia regulación intestinal, que una inyección de galones y gorras de plato, por vía rectal.


P.D.: Y, por favor, no olvidéis que este blog es apolítico, (además de apolíneo), no vaya a ser que algún nostálgico de los tiempos de la Unión soviética se mosquee con mis pitorreos para con el colectivismo a machamartillo. Recordad que Deng Xiaoping, otro oriental con mucho talante de ordeno y mando, dijo aquello de “enriquecerse es glorioso”, y era comunista como el que más.

7 comentarios:

Genín dijo...

Que ricas y graciosas las coreanitas...
No se si te vi, ¿Eras uno con uniforme y mucha chatarra en el pecho?...jajaja
Salud

Miguel Baquero dijo...

Mucho me temo que no hace falta irte muy lejos para, si quieres, convertirte en un zombi dispuesto a lanzarse a la yugular de alguien en cuanto oiga el correspondiente chasquido de dedos

Merce dijo...

No te vayas. Quédate con tus pensamientos auqneu sean anárquicos y errabundos, y quédate también con tus filias y tus fobias y etc etc etc... Así estás muy bien.

A mí tb me decían mis padres lo del caramelo.

Besos.

Merce dijo...

Por cierto, me encanta el dibujo. Los haces tú, no? :-)

María José Casco Maldonado dijo...

Hola Food and Drugs sí creo que el cuidado del caramelo paso de generación en generación pues yo también lo gusrdo en mi memoria del ciudado con los extraños.

La pregunta qué me hago en tantas que hay: Existirá la fobia a la tecnología... ?
pues creo qué si en el hecho que te pueden extresar.
Saludillos.

Jimmy dijo...

Aún hoy, no consigo aceptar un caramelo así como así. No vaya a ser que...

mujer prevenida vale por dos dijo...

Por un caramelo no pasa nada... pensó Caperucita... el Sr Lobo era tan gentil, tan amable... solo le pregunto donde iba... mientras se relamía...



Un placer pasarme por aquí.
Ciao