martes, 3 de marzo de 2009

Goodbye maná


Muchas veces me he preguntado por cómo es posible que, con tanto que leo (libros, periódicos, webs de Internet, blogs, e incluso catálogos de jardinería), mis principales fuentes de inspiración sigan siendo la tele y la radio.
Pues sí. Es triste para alguien que se cuadra ante la palabra intelectual, pero no es materia ante la que quepan grandes argumentaciones. Soy una persona eminentemente audiovisual. O si se prefiere, táchese lo de “eminentemente” por “incorregiblemente”.
Me acuerdo además ahora de una frase de Lex Luthor en Superman (película infantil de referencia), en la que decía que mientras que algunos leían “Guerra y paz” y se quedaban en la inopia, otros eran capaces de descifrar los secretos del universo con solo ojear los ingredientes de un chicle en su envoltorio.
Aquello me hizo mucha pupa, pues las veces que me he acantonado con el ansia invasora de las huestes napoleónicas al pie de la obra de Tolstoi, o de otros grandes maestros rusos, enseguida sería que he comenzado a sentir las estrecheces de mi caja craneana, y como mal menor, la hipotermia y los mareos que sobrevienen al hallarse en cumbres para las que, mi entendimiento, no está ni biológica ni evolutivamente adaptado.
Si bien ello no quita para que continúe pensando que con las papeletas de las “chuches” sigo siendo un fiera.
Viene esto a cuento, como decía, de que la inspiración para fraguar este último post, Goodbye maná, la tomé de un reportaje en la televisión que vi hará unas semanas, y que me impresionó vivamente. Sí, de la tele, sí.
Será su poder hipnótico, o las triquiñuelas para captar mi atención de los anuncios de comida para mascotas, qué se yo…
Hablaba dicho reportaje, sin entretenernos más, del desplome que había sufrido en el mundo, pero sobre todo en España, el negocio inmobiliario. Tema recurrente donde los haya, bien conocido de todos y que nos encontramos ya hasta en la sopa.
La novedad, sin embargo, consistía esta vez en mostrar a los protagonistas del drama a cara descubierta, para a continuación proseguir con el relato de sus desvelos, y esfuerzos por mantenerse a flote, en tan difícil coyuntura.
Y ciertamente daba mucha pena el ir contemplando, una detrás de otra, las familias afectadas de semejante ruina, por lo general gente humilde. Todos ellos asfixiados por mensualidades de hipotecas que eran incapaces de satisfacer, y sobre cuyo futuro inmediato pendía la inclemente espada de Damocles del embargo.
No obstante en muchos de estos casos, y en mayor o menor medida, se percibía también ese vicio de la picaresca tan propio de nuestro país, ahora brutalmente reprimido por el devenir de los acontecimientos. Más en concreto, esas reglas de oro del capitalismo, en las que toda esta gente confió cerrilmente, con las miras puestas en convertirse en pequeños inversores, y de ahí dar el salto a grandes especuladores, y que abruptamente habrían dejado de aplicarse en cuanto se rebasó cierta masa crítica.
Después de todo, en el juego de la compraventa, no todos podemos tirar del mismo lado de la cuerda. No todos podemos ser vendedores de algo (la moto) para lo que, por agotamiento de existencias, no haya compradores (los primos del pueblo).
Lo que es más ¿De dónde sacaremos a los pardillos necesarios en esta transacción comercial de alto riesgo, si incluso en el estrato social más bajo ya todo el mundo se tiene por George Soros?
Los conceptos de tontos y listos, pobres y ricos, son a fin de cuentas el resultado de un juego de comparaciones. Si de la noche a la mañana todos nos hacemos ricos, es de cajón que automáticamente deja de tener sentido serlo. Aparte de ser inviable.
¿Quiénes pasarían a ser nuestros sirvientes de implantarse el pelotazo universal y gratuito?
Si nadie le da un palo al agua, a quién se le manda a hacer los recados, quién lava los trapos sucios, quién los plancha…
Es por eso que, un sistema que funciona al son de las desigualdades sociales, necesite reciclarse sin tardanza, volviendo a crearlas ipso facto.
Y en esas estamos.
Adiós pues al dulce sueño de retirarnos a las Bahamas a vivir de las rentas, y a disfrutar sobre la cubierta de un yate de las aguas cristalinas del trópico, donde las aglomeraciones al estilo Benidorm no tienen cabida.
Adiós a ese sueño tan volátil y efímero. Hola pesadilla.

9 comentarios:

Uno dijo...

No te sienta culpable por tu afición a la tele, solemos verla cuando andamos bajos de actividad cerebral o cargados de pereza y la muy vil se aprovecha de nosotros :-)

Pienso como tú, desde hace años este está intentado ser un país de listos o de más listos que los demás. Mario Conde, El dioni, Ruiz Mateos fueron heroes/villanos nacionales.

Pon desgracia también es un país del aparentar y del no ser menos que los demás, y nadie quiere ser el último mono aunque le toque y lo merezca.

Espero que al menos de la crisis salga una nueva filosofía social, pero mucho me temo ... que todo seguira igual, salvo los bolsillos que no tendrán ni pelusas.

Saludos

noveldaytantos dijo...

Hombre, tal vez hoy día no haya tanta desigualdad social. Si te paras a ver la mayoría de tíos somos más o menos igual de gilipollas que lo hemos sido siempre. Digamos que estamos en la media.
Yo creo que la ignorancia y la estupidez se han normalizado, y en ese sentido yo me encuentro bastante integrado. En serio.

Anabel dijo...

Walt Disney ha hecho un daño irreparable con el rollo del prícipe azul...;-)

3ster dijo...

Y al final todos bebemos de la televisión, publicidad.... la mayor parte del tiempo, con la maravillosa programación con la que contamos, mejor mantenerla OFF. Y vivir felices en la ignorancia. :D

Besotes!

Merce dijo...

Yo no renuncio al sueño de vivir de las rentas. Sigo jugando a la loto, aunque bien es sabido que la loto sólo le toca a la gente, y claro, yo no soy gente...

Landahlauts dijo...

Somos hijos de la tele. Aunque ahora reneguemos de ella y no la sigamos tanto. Yo recuerdo de niño, en un sábado lluvioso, tres y cuatro horitas de tele...

Yo viviré de las rentas. Algún día...

Pito dijo...

!!!!!!

Me gusto.

Breuil dijo...

La tele es nuestra madrastra, nos guste o no.
Un abrazo.

Luna Azul dijo...

Mucho me temo que todo seguirá parecido, los ricos más ricos y nosotros con telarañas en los bolsillos.
Aunque por si acaso seguiré echando la primitiva, a lo mejor un día.....
Un abrazo