domingo, 1 de febrero de 2009

Batalla Judicial


Hay infinidad de películas sobre juicios que son memorables. No sé por qué, pero es un género que tiene algo que lo hace ser tremendamente cautivador.
Quizás sea esa búsqueda desesperada de la verdad, ese intento de reconciliar la realidad con las versiones necesariamente divergentes, más o menos adulteradas en nuestro provecho, que cada uno tenemos de ella.
Sea como fuere, lo cierto es que no es difícil identificarse con los litigantes de las grandes obras maestras del cine (o de la literatura), y meterse en la piel de los personajes, porque a fin de cuentas el que más, el que menos, todos tenemos un caso que defender.
Siempre, claro está, que no vayamos demasiado lejos en nuestra interpretación, y acabemos creyéndonos el fiscal de distrito Jim Garrison (Kevin Costner) en JFK (caso abierto).
Bromas aparte, los grandes procesos de la ficción, y como no, también de la historia, siempre nos han provocado cuando menos la curiosidad. Rodeados, por lo general, de esa aura de magnificencia que los hacen irresistibles al paladar de los estudiosos, pero también a los apetitos de la plebe.
No en vano, gran parte de su poder de seducción tal vez estribe en su simplicidad. En realidad, debajo de toda esa prosopopeya a menudo tan laberíntica, y de su sofisticada terminología, no se oculta sino la eterna pugna entre dos bandos irreconciliablemente enfrentados: El del bien y el del mal.
Y aquí es donde entra en juego la excelsa figura del juez, que es quien habrá de dilucidar a que lado de la sala se encuentran sentados unos y otros.
Así, desde las pequeñas injusticias de cada día, hasta los más grandes y monstruosos crímenes de lesa humanidad, todas requieren un juez y un veredicto, de forma que la historia se pueda seguir escribiendo.
Quepa recordar en este punto, que todos, o casi todos, los dioses de las religiones monoteístas, se reservarían para sí esa prerrogativa final de actuar de jueces supremos. Siendo esto último sin duda, lo que les conferiría su verdadero poder y autoridad, pues de lo contrario no pasarían de ser unos simples espectadores de las refriegas mundanas.
Y esto nos lleva, por analogía inversa, quiérase o no, a esa presunta condición deífica de la que, entre la ciudadanía, suelen gozar los magistrados.
Así, en el subconsciente popular, tanto estos como los médicos, o los pilotos de aeronaves, habrían de ser siempre infalibles, olvidándonos de que en el fondo no dejan de ser otro colectivo profesional más, sujeto a sus correspondientes responsabilidades penales en materia de negligencias y descuidos, y por lo tanto, con sus legítimas reivindicaciones.
No olvidemos que en la reciente convocatoria de huelga del estamento judicial, de la que son sus promotoras las asociaciones de nuestro país, lo que se pone de manifiesto, y lo que a fin de cuentas se sustancia, no es sino esta simple realidad.
Sorprende un poco, eso sí, ver a los jueces de pronto, de la noche a la mañana, convertidos en unos contestatarios, empeñados en hacerse pasar por obreros de una empresa en quiebra, para tomar las calles a golpe de cacerola. No es su estilo, que digamos. Pero a su manera son también trabajadores, y se levantan todos los días a las seis de la mañana para lidiar con antipáticas, y cada vez más abundantes, montañas de papeles. No es pues de extrañar que quieran más manos al chollo, y más jornal al bolso.
La pena es que, como de costumbre, tengamos que ser nosotros, los contribuyentes, los que corramos con los gastos.
Pero yo no voy a abogar a favor ni en contra. Doctores tiene la iglesia.
Allá ellos pues con los argumentos de que dispongan y lo convincentes que resulten.
Además se me ocurre algo mejor.
Que cada cual por sí mismo, y por una vez al menos, se sienta libre de valorar la justeza, o ecuanimidad, de sus demandas.
¿Inocentes o culpables?

8 comentarios:

Breuil dijo...

Los jueces han perdido todo el aura de impunidad con esta huelga. Han dejado ver que debajo de esas togas cuelga un alma humana. :P

Merce dijo...

Es un tema difícil, yo sí creo que deberían bajar de su pedestal. Son humanos, pueden equivocarse... y también tiene derecho a abrir la boca cuando no están de acuerdo, al igual que, al menos en teoría, tenemos todos.

Un peliculón sobre un juicio, "TEstigo de cargo", del maestro Wilder.

Anónimo dijo...

Yo que sé de lo que hablo, porque los sufro a diario y en silencio, te diré que el 50% de los jueces no se gana su sueldo, pero bien es cierto que el otro cincuenta si que se lo gana el y con creces.
De todos modos, ni inocentes ni culpables. Yo si se quien es el culpable pero no generalizo porque sería meter la pata hasta el zancarrón, así que mejor me lo callo.

belinha dijo...

A Justiça não anda muito bem em Portugal....


Obrigada pela visita!!Sim, esta era um pouco assustadora!!!!:)

Celestina dijo...

Y... desde un país como Argentina (famoso mundialmente por sus redes de corrupción política... n_ñ), donde volverse político es tan fácil para una vedette como para el peor de los comediantes, la palabra "justicia" suena a chascarillo. Lamentablemente, a uno a veces no le queda opción que resignarse e intentar ser feliz y hacer felices a quienes tiene a su alrededor... muy a pesar de algunas cosas.
Triste pero real.

Muy buen post. Saludos.

Allek dijo...

hermano... cuentame como van los excesos? ... gracias por tus palabras anteriores...
te dejo un fuerte abrazo...

DR. FREUD dijo...

Pues sí, los contribuyentes terminagos con el catigo de la "culpa"

Landahlauts dijo...

La verdad es que sus reivindicaciones laborales les ha quitado esa aureola de estar por encima de lo mundano y de algo tan vulgar como... una protesta corporativa.

Saludos