sábado, 8 de noviembre de 2008

Se acabó la magia


Hay veces que uno se siente un poco conejillo de indias. Indefenso y a merced de los experimentos de otros.
Son situaciones desagradables, evidentemente, y uno prefiere pasar página cuanto antes y no pensar más en el tema, pues no se arregla nada por más y más vueltas que se le den.
Otras veces sin embargo es uno mismo el que experimenta con las criaturas que considera inferiores, y no le da mayor importancia. Por que sufran un poquito nada malo les va a suceder, aduce. Al contrario, es sano. Les fortalece el carácter y les ayuda a mantener sus defensas activas. Y por ende no hace falta que se tomen ningún brebaje con fermentos lácticos ni bacilos benignos.
Uno de estos entornos donde se abusa de estos principios es el del mundo laboral. ¡Oh, inmisericorde mundo laboral!
En teoría, siempre en teoría, la brega cotidiana nos hace más fuertes, nos curte (en mil batallas, y en las respectivas madres de esas mil), y nos proporciona una pátina de invulnerabilidad que luego, ya en el exterior, nos convierte en algo semejante a bestias primitivas. Solo es posible abatirnos con balas de un calibre especial: Las capaces de traspasar la gruesa piel de un rinoceronte.
Pero dudo mucho yo de que esto en la práctica sea así. Y que sea más bien que, con cada día que pasa, uno se esté dejando la salud y las ganas de divertirse. Todo ello, envuelto como ya digo, en enaltecedoras proclamas de su bondad e idoneidad. En fin, el discurso oficial.
El caso es que como reza el título, toda esta rutinaria refriega, lo que va minando y mermando más rápidamente es la magia de vivir.
Sí, el curro es el mejor antídoto contra la capacidad de las personas de sorprenderse con las cosas, y la mirada de uno hacia lo que le rodea se vuelve más obtusa y más rácana. Todo tiene que aportarnos un resultado tangible e inmediato…
Y yo no se si estoy muy de acuerdo con eso.
Para mí, la consigna es no perder la ilusión y creer en el enorme poder revitalizante de lo fantasioso.
De manera que lo de se acabó la magia se lo dejaremos a los matrimonios y parejas en vías de ruptura, frase muy típica del gremio, y asimismo a todos los que como ellos se lo hayan buscado, empeñándose en vivir en ese mundo de lidiar todo el rato con la china en el zapato, o con la carnecilla entre el incisivo y el canino. Un mundo cabizbajo e insípido.

2 comentarios:

contrahecho dijo...

Magia laboral?, ya sabía yo que había truco...
Saludos, pensador.

Ken dijo...

I wish I could read this post! But I get the meaning. Nice work