domingo, 2 de marzo de 2008

Inmobiliarias en desbandada


Ha llegado el momento de replegar velas para el sector de la construcción. El coste de la vida ha subido y el sueño ladrillero (o debiera decir pesadilla) se desvanece como un prolongado canto del cisne en el que las inmobiliarias, muchas de las cuales ya han cerrado, pagan los platos rotos.

Pero por muchos que sean los millones que se dejen de ganar, nadie podrá negar que el negocio ha sido el chollo de la década, y que como sucedáneo de la piedra filosofal aún seguirá siendo rentable por los siglos de los siglos.

Esperemos al menos que, una vez que nuestro litoral se ha convertido en algo parecido a un jardín japonés de cemento, erigido a mayor gloria del euro fácil, no acabemos pavimentando el resto del país con más y más construcciones (naves industriales, barriadas de adosados, y nudos de autovías) hasta no dejar ni un solo rincón para la vida silvestre... Y que la vegetación acabe no siendo otra que la de las macetas de los moteles a pie de carretera.

Reconstruir para mejorar lo existente, debería ser nuestro lema. Pero eso, claro, todavía sigue siendo solo un negocio para los amantes del lujo y el despilfarro.

Lo cutre, esa corriente estética del feísmo, que ha campado por doquiera, es mucho más económica... ¡Qué se le va a hacer!... Y también más autóctona.