Hace 5 años
miércoles, 22 de noviembre de 2017
martes, 12 de septiembre de 2017
jueves, 27 de julio de 2017
El hacha de Mambrú
¿Era Mambrú un hacha? Difícil creerlo.
Sea como fuere, él no se anduvo ni corto ni perezoso cuando
la desenterraron, el hacha, y allá lio el petate, cogió (sin preguntar a nadie)
el fusil de Johnny, y se fue en busca de aventuras bélicas en tapa dura y a
todo color.
Mas él ignoraba que la señal era monocanal, y únicamente
llegaría a su retina en rojo y gris, sangre y polvo. A lo sumo, mugre negruzca.
Pero eso a Mambrú no le echó para atrás. Un valiente como
él, bien plantado, y con un par (de granadas, de pistolas, de cartuchos de
balas, con un par de casi todo) ¿A quién podía temer?
No se arrugó, no, nuestro Mambrú. Si acaso alguien lo
arrugaría en contra de su voluntad, pero eso ya son extremos de los que no da
detalles la canción.
El bueno de Mambrú… O
mucho le gustó el invento, y se hizo un sitio en la carrera militar, o le dejó
mal sabor de boca para toda la eternidad.
Pobre Mambrú…
¿Cómo iba él a saberlo? Do-re-mi, Do-re-fa…
jueves, 13 de abril de 2017
Trazos de la India
La India, un país inmenso, excesivo, inaprensible. Un bazar
de etnias, lenguas y religiones, desperdigadas por un escenario gigantesco, que
sin embargo, tal es su prolijidad, hasta se les queda, se nos quedaría, pequeño.
Sin duda es un lugar de contrastes. Un palacio de níveos mármoles
con incrustaciones de lapisazulí, en medio del basurero más hediondo. Tal es
así que, entre dioses y ratas, apenas hay diferencia, pero al nivel de los
humanos, en cambio, toda una jerarquía de castas tiene lugar, siendo estas
categorías estancas, impermeables e inamovibles por y para la eternidad.
La India no sería lo que es sin estas y otras muchas
contradicciones. Para superarlas, ellos apelan al karma, a la espiritualidad, y
desde luego, que difícilmente se atisba otro remedio. Dejar hacer a la entropía
del universo, parece ser la única fórmula científicamente satisfactoria, en
medio de un caos capaz de lo mejor y de lo peor.
¿Quién, en este mundo, puede sentirse indiferente a todo un
subcontinente, tan rico, y a la vez tan pobre? Pues, para ser sinceros, casi
todos nosotros.
De hecho me cuesta imaginar un país más paria en el mundo.
Uno en el que la relación tamaño/influencia, arroje unos valores más parcos y
decepcionantes. Lo cierto es que desde el punto de vista occidental, que es el
que impera hoy en día, la India y sus habitantes cuentan poco, por no decir absolutamente
nada.
Su cultura, su historia y sus tradiciones se contemplan como
rarezas fascinantes, ante las que una mirada más profusa, más alambicada,
podría arrastrar nuestra inteligencia a la borrachera. Un extraordinario
eclipse de sol al que, si bien, no conviene mirar demasiado directamente.
Seguramente todo en esta región del mapa es un desafío a los
sentidos, y tanto más aún a la mente, que se siente desbordada. Y quizás un
fuego en exceso abrasador para el que solo busca una buena lumbre en la que
cobijarse.
Un turista de viaje por sus calles y caminos siempre tendrá
la desasosegante sensación de que se está perdiendo el noventainueve por ciento
de lo que deseaba ver y sentir. De ahí que los sabios y filósofos de esa tierra
siempre coincidieran en una máxima inmutable: No desees.
Pero claro, esto, para occidentales como nosotros, a los que
tan poco nos gusta aburrirnos, nos suena a chino. No hay duda de que nos
equivocamos.
Mirar a la india con otros ojos es obligatorio para todos
aquellos que crean, o deseen creer, en existencias fecundas más allá de la
monotonía.
sábado, 4 de febrero de 2017
Payasadas Internacionales
-
¡
¡Alerta Mike!
¡Adelante Tim! ¡Te recibo!
Tenemos un payaso con un arma que está sembrado
el pánico en las pistas del aeropuerto estatal.
-
¡¿Otra vez un payaso con un arma?!
No, Mike, esta vez es un payaso de verdad. Un
payaso, como Miliki, Fofito, Charlie Rivel, Ronald McDonald, Trump…
-
No te entiendo, Tim. Quizás no te he escuchado
bien. Ríete si quieres, pero me ha parecido oírte hablar de un tal Miliki…
-
Esto es muy serio, Mike. Y no tenemos tiempo que
perder, así, andándonos por las ramas. Necesito que vengan enseguida tus
muchachos.
-
De acuerdo, Tim. Están saliendo ya varios coches
patrulla hacia allá.
-
Oh, no, Mike. No es uno solo, son dos. Dos
payasos. Y los dos armados.
-
Perdona. ¿Has dicho que son dos y que van
armados?
-
Sí, Mike. Portan armas cortas, por lo que he
podido ver desde aquí, y lo peor de todo, han tomado como rehenes a dos
azafatas de vuelo.
-
¿Son de altos vuelos?
-
No te entiendo, Mike, ¿A qué viene eso?
-
Olvídalo Tim, es sólo que necesito más detalles.
¿Hay algún herido entre el pasaje o el resto de la tripulación?
-
El comandante del aparato. Lo han puesto fuera
de combate de un culatazo.
-
Espera un momento, Tim. Me dijiste que portaban
armas cortas…
-
De un culatazo, de un golpetazo con el culo… Son
payasos, Mike. Ya te lo dije. No acaba de entrarte en la cabeza.
-
Pe… Pero…
-
Tenemos que reducirlos cuanto antes, o será
mucho peor.
-
¿Reducirlos? ¿Cómo? Si son dos, tendríamos que
hacer que al menos uno desapareciera.
-
¿Estás de broma, Mike? Podríamos hacer
desaparecer a las azafatas, como mucho, y en el caso improbable de que, además
de azafatas de una aerolínea, lo fueran también de un espectáculo de magia…
-
Estamos perdidos, Tim. No podemos negociar con
esa gente.
-
Necesito a tus muchachos ya. Es cuestión de risa
o muerte.
-
De vida.
-
No, de risa. De mearse de risa. La vida puede
esperar; la risa, no. O es ahora o es nunca.
-
No me asustes, Tim. No es momento para
heroicidades. Sangre fría. Recuerda lo que nos enseñaron en la academia.
-
Lo siento, Mike, esos payasos han agotado mi
paciencia. Voy a abrir fuego.
-
Noooo. Tim. Podría haber víctimas inocentes…
¿Tim?... ¿Tim?... ¿Tim, me escuchas?
-
¿Qué tal, agente?, ¿Le suena esto?: ¿Cómo están
ustedeeees?
-
¡Qué diablos!
-
Ha,ha,ha,ha (carcajada maléfica)
-
¡¿Quién está ahí?! ¡¿Con quién hablo?!
-
¡No! Yo soy el que hace las preguntas… ¿Conocía
usted mucho a Tim?... Un tipo callado. Pero no tanto como últimamente. Más en
concreto, como en los últimos segundos… Ha,ha,ha,ha…
-
Malditos sean, (sollozando) le han metido una
bala a Tim…
-
¿Una bala?... Nah. Solo ha bastado un buen
culatazo.
lunes, 23 de enero de 2017
En la Tierra del Fuego
Por lo visto la Tierra del Fuego está llena de llamas, y aún así hace un frío que pela. Qué cosas, ¿eh?.
Bueno, la verdad es que no tengo ni pajolera idea de cuál es la fauna de esa mítica región sudamericana, pero la imaginación es libre, ¿no es cierto?... Claro que ya puestos, también podría haberme inventado unas llamas tipo "unicornio", y hacerlo aún más kitsch...
Para el próximo post.
sábado, 7 de enero de 2017
Sin compromiso de permanencia
Vivimos en un mundo en el que en ocasiones, sólo en contadas
ocasiones, tenemos la suerte de recrearnos con su belleza natural. Antaño tan
presente, y hoy completamente alejada de nosotros. Y ello siempre en
contraposición con la sobreabundancia y el bombardeo de propaganda con la que
se cacarean e inflan las virtudes de las cosas artificiales.
Así, y sólo así, es que hemos llegado al absurdo de
encontrarnos en los supermercados con naranjas peladas y embaladas en estuches
de polietileno. En mi opinión, la cuadratura de la estupidez humana.
Desde luego que esto es lo que nos merecemos, en nuestro
afán por cambiarlo todo (supuestamente para mejor), y adaptarlo al estándar del
capricho y el confort momentáneo.
Llevamos siglos haciéndonos la vida más sencilla, teóricamente,
a base de ir limpiando de nuestro entorno inmediato todo aquello que nos remita
a la naturaleza tal cual, y por ahora, se supone que la cosa funciona aparentemente
bien… ¿Sucederá en cambio que llegue el día en que esta desconexión sea
total, se revele entonces como nefasta,
y no haya ya manera de dar marcha atrás?
Por suerte para nosotros, la naturaleza no piensa, no
siente, ni se enfurece con nuestra actitud, ni está por tomarse revanchas (al
menos no definitivas). Pero a veces sí que se echa en falta una buena colleja
por su parte.
Un pequeño toque de atención. Un decir “Esto se ha acabado,
amigos”, y retirar de la circulación, qué se yo, por ejemplo las flores, o las
nubes, o los arroyos, o el blanco impoluto de la nieve. Que de pronto
recibiéramos un servicio de segunda, y no la fórmula Premium de la que
disfrutamos ahora. Quizás entonces aprenderíamos a valorar todo eso que ni se
compra ni se vende, ni se puede envolver en papel de regalo, ni cabe debajo de
un arbolito de plástico made in la Cochinchina.
sábado, 26 de noviembre de 2016
Pasando olímpicamente del cotarro
Supongo que la temática olímpica está un poco fuera de
temporada, pero, con el espíritu Black Friday en mente, y amparándome en la
vorágine consumista de las rebajas, supongo que no habrá mayor problema, y que
colará.
Ya tendremos tiempo, sobre todo los alérgicos a la Navidad,
para aburrirnos de Papanoeles, muñecos de nieve, belenes vivientes y lucecitas parpadeantes, que por cierto, ya empiezan a estar por todas partes dando la
paliza.
Eso sí que es "adelantar acontecimientos", y pasarse por el forro el normal devenir de las hojas
del calendario.
Así que donde fueres, haz lo que vieres. Eso sí, yo como los
cangrejos, para atrás.
Y es que todo tiempo pasado fue mejor.
Que nadie lo
dude.
¡Claro que sí, hombre! Si al final somos cuatro gatos los que estamos en el presente, el resto anda a caballo entre el pasado y el futuro, y en ambas partes mal a gusto.
jueves, 3 de noviembre de 2016
Halloween Fail
Halloween?... Fail?...
¡Nos asaltan los anglicismos!
¿Qué fue de "Víspera de Todos los Santos"? ¿Y de "fallo", "metedura de pata"?
En las redes sociales, en la tele, en el trabajo, en las estanterías de los supermecados, en el Burger...
Estamos indefensos y les daremos lo que nos pidan... ¿La Visa? ¿La Mastercard? ¿La Diner's Club? ¿Tarjetas black?... Hummm, no, esos no. Esos anglicismos aún no están al alcance de nuestro uso cotidiano.
Como mucho podrán exigirnos la muela de oro de la abuela, es decir, grandma gold's tooth, pero seguramente se tendrán que conformar con la calderilla, the little water bowl...
sábado, 30 de julio de 2016
Paraísos paralelos
Hay quien dice que la Biblia, (sí, la Biblia que todos conocemos (¿Realmente la conocemos? (¿Realmente alguien se preocupa de saber algo de estos temas?))), está llena de imprecisiones, contradicciones, sinsentidos y, todo ello sin dejar de ser benévolos, fantasías.
Pero... ¿No es también así la vida de cada uno de nosotros? ¿No es igual de fantasiosa y autocomplaciente la existencia nuestra, la que cada uno de nosotros llevamos enrocados en nuestro propio universo paralelo?
Será que vemos antes la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.
Un nuevo punto vista diferente, uno adicional a ese con el que ya de por sí contamos, el de fábrica, el congénito, cuanto bien nos haría.
Quizás así no pasaríamos tanto tiempo, en la inopia, en nuestros paraísos para lelos.
domingo, 3 de abril de 2016
domingo, 20 de marzo de 2016
Incompatibles
Unos valores sólidos son (de alguna manera) incompatibles con unos dientes sanos y fuertes.
Suena a tontería. Si queréis no me hagáis mucho caso, pero yo siempre supe que una higiene bucal excesiva nos hacía más propensos a las iras y la incomprensión de según qué determinados colectivos, como por ejemplo, el de los dentistas.
No se puede agradar a todo el mundo. Es ley de vida. Y eso se extiende incluso a las bacterias que producen el sarro.
Aunque a ellas más que a nadie, claro está, les gustaría que se les tratase con dulzura.
sábado, 12 de marzo de 2016
lunes, 7 de marzo de 2016
El irresistible tirón de lo nuevo
Es muy probable que la gran mayoría de los que vivimos en
esta parte del globo terráqueo (Paña), no sepamos, no sepan, que en estas
mismas fechas, del 3 de marzo al 24, se está realizando una votación en
nuestras antípodas, es decir en Nueva Zelanda, encaminada a decidir si se
cambia la bandera antigua por una nueva, más moderna, o se deja todo como está.
Uno de los aspectos que han movido al cambio es,
evidentemente, el enorme parecido que las enseñas nacionales del país maorí y
Australia guardan entre sí, ambas mostrando en lugar preminente una réplica de
la Union Jack, la bandera británica. La del Reino Unido (UK), la clásica y
archiconocida de las cruces superpuestas, rojas y blanca sobre fondo azul
marino, proyectada a su vez en otro rectángulo más amplio del mismo color, y en
el que destacaría cierto número de estrellas, aquí ya sí varía el número y
disposición, las cuales fundamentalmente harían alusión a la Cruz del Sur, la
constelación más famosa de cuantas son visibles desde el hemisferio
septentrional.
Así que por un lado tenemos el ansia de marcar diferencias
con el gigantesco vecino oceánico, y por otro la de jubilar el ya muy visto y
algo caduco pendón británico, cuya memoria, revisada una y otra vez por los
académicos, no siempre trae sino un regusto agridulce, y de pesada digestión, en
todos aquellos lugares de nuestro planeta que un día fueron colonias del
imperio.
Un imperio que avanzó abriendo escuelas y líneas de
ferrocarril por el vasto mundo, pero al mismo tiempo a golpe de fusil y
cañonazo. Los míticos “casacas rojas”.
No obstante, y dando por terminado este preámbulo
historicista, debo decir, esto ya sí a título propio y personal, que el cambio
de bandera, y la selección de los diseños candidatos, a lo largo de todo un
proceso que ha constado de varias fases, se ha hecho de forma en exceso
voluntariosa, seguramente con no poca precipitación, y desde luego con nulo
criterio ni sentido artístico.
Vamos, que a mi juicio, el afán por reeditar el éxito de Sudáfrica
en la ocasión en que aquel mismo país decidió sustituir su denostada bandera
antigua, símbolo del apartheid, por otra con un trasfondo mucho más incluyente
y conciliador, actúa en realidad como contrapeso, como comparación odiosa,
poniendo sobre el tapete lo mucho más fútil del cambio neozelandés.
Por ello, y ya puestos a ser frívolos, yo mismo he optado a rediseñar
esa bandera. Una bandera, la mía, que entiendo yo que debiera ser la finalmente
elegida por numerosos factores, entre los cuales, y no el de menor importancia,
el que ninguna de las candidatas oficiales alude a los aspectos de la fauna y
flora neozelandesa por los que es mundialmente conocida. Esa que a diario la
hace presente en nuestros hogares.
En mi diseño, el kiwi, tanto el pájaro como la fruta
homónima, con sus vivos colores y siluetas, copan el protagonismo absoluto. Especies
endémicas de la región, que aun cuando se han criado o cultivado en otras
partes del globo, rara vez alcanzan las virtudes de los originales.
Desde luego, todo este asunto no es sólo una cuestión de
trapos… ¡Y que si cual me parece más
bonito! Y puede que si algún oriundo de por allí lee esto que he escrito, cosa
que dudo, incluso pueda enojarse, y con motivo, ante el tratamiento demasiado
desinhibido de la cuestión. Las patrias ajenas, la verdad, nos duelen poco, por
no decir nada. Pero, es que en realidad, para mí el problema de toda esta
parafernalia, su peor defecto, es que está gravemente aquejada de una seriedad
conspicua. En el noble objetivo de concebir un símbolo que aúne los valores
tradicionales y los más altos conceptos que un pueblo tiene de sí mismo, muchas
veces no logramos sino el efecto contrario, es decir, alejarnos de la realidad
intrínseca, carnal, sanguínea, de ese mismo pueblo.
Eso desde luego, no nos pasa aquí con nuestra banderita roja
y gualda, y a ser posible con toro incluido, que nos describe a la perfección,
en nuestro carácter y en nuestra compostura. Y en ningún sitio mejor
engalanada, que en las banderillas de la lidia.
En fin, como colofón decir que, para un cambio de este tipo,
que nos remite a la ya tan trillada y manoseada expresión de “cambiarlo todo,
para que nada cambie”, no hacía falta gastarse tanto dinero (las elecciones
duran tres semanas)… Y lo mismo me da que sea con su dinero. Para la historia
quedará como la oportunidad perdida de aquella hermosa nación de haber salido
de todo esto con algo grande, único, singular, inspirador, revolucionario, cautivador, deslumbrante, entre las manos.
jueves, 29 de octubre de 2015
Telelecomunicaciones
El corazón tiene razones que la razón no entiende, pero
dialogando al menos se puede entrever un mínimo de voluntad de acercamiento
entre ambas partes.
El problema es cuando entran en liza las hormonas. Las
hormonas son anti-sistema por naturaleza. Dales la mano y te cogerán el brazo.
Cuando estas entran al debate, se acabaron las buenas
palabras. Y que no huelan el más mínimo resquicio de debilidad, porque son como
las pirañas. Su afán por ponerlo todo patas arriba es proverbial.
Y lo peor es que cuando al fin, tras largos años de
aprendizaje cree uno tener las suyas domesticadas y bajo control, se topa con
las de sus queridos retoños, en efervescencia. La “posesión” pasando de padres
a hijos cual herencia envenenada.
Es un ciclo que se retroalimenta, y lo que es peor, a cuatro
carrillos.
lunes, 12 de octubre de 2015
La lucha por la Ciber-vivencia
Ahora ya no, con la invención del wi-fi y los smartphones,
pero hubo un tiempo en que la conexión del hogar a Internet estaba tan
disputada como los vados de cruzar, o las orillas de abrevar, del Serengueti.
Ñus, cebras, cocodrilos, etcétera, esperando su turno,
acechando en la sombra, en busca de una oportunidad de tener acceso al
“alimento”. Unos pendientes de los otros. Todos ellos viviendo a expensas de lo
que deparare el momento.
Víctimas y verdugos bajo la ley, imperiosa ley, de los
instintos (aún cuando virtuales).
miércoles, 15 de julio de 2015
El león está pachucho
Algo pasa con el león.
Ha perdido el apetito, duerme mal, padece estreñimiento,
consecuentemente y por añadidura, hemorroides… No está a lo que hay que estar.
Es obvio de que no atraviesa por su mejor momento. Y eso es
algo que a la sabana no se le pasa inadvertido. Él, no es un cualquiera. Es el
rey, el “Juancar”, el “Pelé”, el “Elvis” de las bestias.
Desde luego que para presas y demás depredadores en liza,
esto supone un nada despreciable respiro. Pero como que la situación se
prolonga ya un poco… Y, seamos sinceros, esto tampoco es lo que queremos.
Habíamos oído hablar de los tres tristes tigres… ¿Pero el
león? El león, no. El león es otra cosa. Un león que se precie no puede caer en
estas historias ratoneras.
Será una fiera implacable, un asesino despiadado, pero
también es el mayor dinamizador social de la cadena trófica. Sin él en la
cúspide, guardando y haciendo guardar el orden y la ley natural, quien sabe,
quizás a las lombrices les pudiera dar por atreverse con las jirafas. Eso, u
otras aberraciones similares.
Así que, por favor, ¡que se solucione lo del león ya! Que
llamen a un psicólogo, a un cura, o que le paguen una ronda en el barrio chino.
Lo que sea.
Insisto, la anarquía en la sabana es una insensatez supina.
No es broma. Nos sale muy caro, en metraje de documental
sobre el reino salvaje, cada minuto de león agilipollado.
lunes, 22 de junio de 2015
Votellón
De pronto parece como si - ¡Oh milagro! - la juventud se
hubiera interesado por fin por la política.
Y el resultado es que ahora la democracia se parece horrores
al botellón. Todo es mezclar y saborear, probando como combinan estos licores
con aquellos refrescos. ¡Que no falte dónde elegir! Y así hasta dar con el
mejunje favorito que más nos coloque y menos resaca nos acarree.
De momento la cosa funciona, luego ya se verá.
Y mientras tanto, todos los fines de semana, jornada de
reflexión.
domingo, 5 de abril de 2015
La suerte lo es todo
La suerte de unos es la desgracia de otros. Por ello es
caprichosa, por ello es equidistante, por ello es esquiva y de carácter
voluble. No quiere ni oír palabra de compromisos, y le aterran los vínculos
demasiado estrechos, con cargas emocionales y afectivas, y criaturas de por
medio.
Su gran pecado es que pretende agradar a todos, y con ello,
a ninguno satisface.
En el fondo va a resultar que tiene buen corazón, que será
por eso que todo el mundo la adora, y en su fuero interno todo vertebrado e
invertebrado, todo bicho viviente, la anhela y ambiciona como compañera eterna
e inseparable, sucumbiendo una y otra vez a sus guiños lastimeros.
Pero es mal negocio regalar dispensas y perdones a quien no
se responsabiliza ante nada ni ante nadie.
Mal asunto encariñarse de su risa contagiosa, de su pasado
turbulento, de su estilo de vida nómada e independiente, de su talento natural
para la improvisación...
Mal asunto querer confiar en ella, que es entonces cuando
más disfruta con sus desplantes, sus vaivenes y sus números fríos.
Ella es la estrella, y los demás somos su público entregado. Aún
cuanto más nos esforcemos por no seguirle el juego.
Desengáñate. Tú seguirás durmiendo, con un ojo cerrado y el
otro abierto, toda tu vida, pero ella lo hará siempre a pierna suelta.
Cuando la moneda vuela por el aire, no es de Dios, ni es del
César. Caras y cruces de este mundo y el que espera, las pertenencias todas de
quien fuere, en suspenso y de su mano.
No se le de más vueltas... Ella es quien reparte.
domingo, 8 de febrero de 2015
La fibra sensible
Sí, no me miréis así. De no ser por cosas como el balompié,
las nuestras serían unas vidas completamente intrascendentes y carentes de
emociones.
Para que luego digan que si los sueldos del delantero tal, o
el centrocampista cual, son desorbitados…
Cierto es que no curan el cáncer, pero es que todo en esta
vida se reduce a una cuestión de prioridades.
De hecho, que nadie dude de que si se pusieran a ello - si
realmente de eso fuera el juego - lo conseguirían. Vamos, que si todo el
dinero, recursos e investigación que se dedica a curar las lesiones deportivas,
se destinase a la medicina de verdad, otro gallo cantaría.
Pero entonces el mundo sería mucho más soso y aburrido.
Seamos realistas, un científico nunca será capaz de poner en
pie a todo un estadio, de provocar un estallido de felicidad global y
transfronterizo, retransmitido a las cuatro esquinas del planeta vía satélite.
Sus únicos espectadores son las propias ratas del laboratorio, y la verdad sea
dicha, nunca acaban satisfechas con el espectáculo. Vive el cielo que no.
Francamente, si yo fuera una pobre rata en el trance de
diñarla en uno de esos escalofriantes experimentos a los que las someten, y,
repentinamente, me dieran la oportunidad de cambiar mi vida por la de un
futbolista de primera división, podéis estar seguros de que no necesitaría
disponer de un sofisticado sistema nervioso central, abundante en materia gris
y circunvoluciones, para instantáneamente tomar la decisión acertada.
Pisaría con mi peluda patita la palanquita de OK, y a vivir,
que son dos días.
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