martes, 29 de julio de 2008

Violencia doméstica


Este me parece un tema lo bastante serio como para andar haciendo bromas con él y sacándole punta, por lo que desde luego coincido plenamente con la opinión de aquellos que piensen que este no es el momento, ni el lugar de tratarlo.

Pero antes de que se saquen las cosas de contexto, aclararé que no es a la violencia doméstica con mayúsculas a la que me refiero, no a la que provoca más de un centenar de muertes al año, y que se suele dar entre conyuges y ex-conyuges, generalmente el hombre contra la mujer, o bien padres contra hijos e hijas, con todo tipo de formas de acoso y espantosas vejaciones.

La violencia que a mi me ocupa es la "con minúsculas", la que día a día sacude la unidad familiar, o según se mire, la fortalece.

En todos los hogares hay roces más tarde o más temprano. Eso es un hecho. A partir del momento mismo en que una pareja abandona el juzgado o la iglesia, en este último caso después de haberse jurado amor y fidelidad hasta que la muerte los separe, y etcétera, etcétera, las tiranteces y los conflictos de baja intensidad comienzan a aflorar. Es cuando se definen las parcelas de poder, la extensión y sus atribuciones, y es por tanto una necesidad de primer orden, que al igual que hicieron Stalin, Churchill y Roosevelt al finalizar la II guerra mundial, el reparto sea lo más justo y equitativo, con el fin de obtener una estabilidad confiable y duradera.

He aquí, pues la necesidad de negociar. Y para negociar son necesarias discusiones muchas veces más acaloradas y tensas de lo esperado.

El que crea que esos tres señores que he mencionado antes, ellos o sus ayudantes y demás adláteres, no tuvieron algún momento, o momentos de ofuscación, un que si Albania no la quiero, que si para mi iba a ser el imperio Austro-húngaro, que si o te conformas con Albania o vete haciendo el cuerpo para cargar con Yugoslavia... El que sinceramente crea eso, que no se produjeron rifi-rafes, en absoluto diplomáticamente correctos, es simplemente porque se ha empeñado en ver la historia como un cuento de hadas, que solo se empezó a fastidiar un poco cuando Bin Laden echó abajo las torres gemelas.

¿Con esto que quiero decir? Pues ni más ni menos que la salud de las relaciones de pareja se mide por el número de microconflictos en que se ven involucrados sus protagonistas.

Lejos de ser malo, en mi modesta opinión, previene la formación y el desarrollo de rencores y desafectos que con el paso de los años, y tras permanecer largo tiempo larvados en los subconscientes, podrían desbordarse, sucediendo como en un dique que se hubiera vencido por el empuje de un volumen de agua para el que no estaría preparado.

La riada subsecuente lo inundaría todo, y arramblaría con aquello cuanto se encontrase a su paso.

No se trata, sin embargo, de señalarse unos a otros las faltas y defectos, a todas horas, y sin callarse uno solo, ni de desvelar esa verdad tan manifiesta acerca de la propia suegra o las cuñadas, pero sí de mantener siempre una postura de sinceridad y, casi tan o más importante, la voluntad de compartir las experiencias.

De lo contrario, el fracaso está garantizado.

Y lo mismo se puede aplicar a la relación con los vástagos. Ni demasiada mano dura, ni demasiada manga ancha. Saber encontrar el equilibrio adecuado es empresa para auténticos sabios de monasterio sintoísta.

Y por supuesto, que nadie se haga ilusiones pensando que una buena estrategia le librará de lidiar en muchas ocasiones con terribles pataletas que le avergonzaran ante todo el vecindario.

El objetivo es salvar a la prole de un futuro de vagos y maleantes, y lo que les divierta a otros, escuchando los follones con fruición a través de los tabiques, ha de ser considerado simplemente un daño colateral. Uno de tantos que nos aguardan.

No queda pues más remedio que hacer de tripas corazón y estar en todo momento preparado y bien dispuesto para blandirse en un duelo de espadachines con algún familiar. Esa persona a la que en la calle y frente a extraños defenderías hasta la última gota de tu sangre, llega también a veces a cargar en demasía, y en algún momento será la hora de llamarle caradura y acusarlo de estarte chupando esa misma sangre... Pero sin que esta llegue al río.

Ya lo decía el refrán, los amores reñidos son los más queridos.

Eso sí, siempre de forma natural, sin provocar las situaciones. Las intenciones pueden ser buenas pero hay familias en las que una simple partida de parchís, por causa de una enajenación mental transitoria, puede conducir a una tragedia shakespeariana.

Hay que evaluar siempre, evidentemente, el material del que están hechos los propios genes, si son apropiados para actuar bajo presión. No todos valemos para negociar la paz de Yalta.


viernes, 25 de julio de 2008

Una de antihéroes


Ahora que está de moda, he pensado que no vendría mal reflexionar un poco en lo que a nuestra propia condición moral se refiere, y el modo en que esta afecta a nuestra relación con los demás.

¿Podemos ser ajenos a la percepción que los que nos rodean tienen de nosotros?

¿Podemos ignorar los inquietudes de otros y concentrarnos únicamente en satisfacer nuestros propios intereses?

Y para ello, qué mejor que un relato de altos vuelos, las vicisitudes de un pobre diablo amarrado a su trágico destino: El del antihéroe por antonomasia.


Quasarts entertainment


avec la participation de la societé Food and Drugs


presents


EL HOMBRE-MOSCA

Todos los derechos reservados


Era una hora prudente ya para levantarse, las nueve de la mañana, además por una vez en mi vida había logrado dormir bien, y no era moco de pavo, con la antipatía que les tenía a las habitaciones de hotel.
Me incliné y comprobé el buen funcionamiento de todo (el teleobjetivo de la cámara, las baterías bien cargadas…). Yo era un profesional e incluso esos pequeños detalles que afectaban a mi equipo eran previos a mi aseo personal. Solamente al comprobar que todos los sistemas respondían podía ya por fin acudir al baño y orinar tranquilo.
Una vez me hube duchado y afeitado, bajé a la cafetería del hotel y busqué una mesa cercana a los ventanales para tomar allí el desayuno. Aquella región de la costa sueca ofrecía unas vistas estupendas.
Pedí un periódico en inglés y me trajeron el de la semana pasada, el único que tenían. Las noticias de hacía diez días, contadas como recientes, me resultaron bastante chocantes, y aún a pesar de todo, les encontré su aquel. De manera que en eso me entretuve, leyéndolas animadamente, mientras esperaba por Diana.
¿Que quién era Diana? Buena pregunta.
Diana era la encargada de producción, la jefa, por así decirlo… Y yo… Mejor dicho, mi cometido, era fundamentalmente el de obedecerla en todo cuanto me requiriese.
Pero Diana no era una jefa cualquiera. Era una mujer muy joven, y muy atractiva, y eso, en este medio, no era algo a lo que a decir verdad uno estuviera realmente acostumbrado.
De hecho ya tan solo escucharla dirigirse a mí era una delicia.
Claro que no era yo el único al que le producía esa sensación. Allá por donde pasaba, sus efectos en el género masculino eran devastadores. Sin ir más lejos, en aquella misma ocasión me percataría de forma anticipada de su entrada a la estancia por una bandeja con cacharros que se le iría al suelo al botones. El estruendo la delataba siempre. Tenía que ser ciertamente una mujer aburrida de ver la torpeza apelotonarse en torno suya.
Incluso yo mismo me notaba inseguro y dubitativo en su presencia. Sus sensuales ojos de zafiro, cada vez que los posaba en mi persona, hacían que la sangre se me trocase en mermelada, fría y viscosa, y muy complicada de bombear.
¿Qué podía hacer? Todos a sus ojos nos transformábamos en unos patanes
No es de extrañar por tanto esa fascinación que ella sentía por el hombre-mosca. Un personaje tan ajeno a todo, en grado sumo díscolo y ensimismado hasta el punto de rozar lo enfermizo.
Una pasión en la que, como es natural, no todos nos veríamos reflejados.
Para mí era un trabajo más, seguir y filmar a aquel fantoche en sus chaladuras. Otro documental de tantos sobre hechos y personajes singulares, por no decir locos de remate, que luego se vendería en los hipermercados a cambio de un puñado de calderilla. Pero en Diana era distinto. Esta vez, la joven y guapísima niña rica, hija de un multimillonario de la comunicación como el todopoderoso señor Kerkovian, parecía estar implicándose emocionalmente más de la cuenta, casi diría yo que habiendo rebasado la delgada línea que separa lo convencional, lo comúnmente aceptado, de lo salvajemente impredecible. Preferí, si bien, desentenderme por completo del asunto. Ya desde el primer día supe que Diana no tenía el menor interés por mí, y lo que viniese después no me importaba. No iba a amargarme la existencia obsesionándome con lo que hacía de su vida aquella mimada princesita.
En cualquier caso, sería muy falso si no admitiera, que el hecho de que esta se estuviera encandilando del hombre-mosca, ese capullo, me daba una rabia tremenda.
- ¿Tan pronto en pie? – me preguntó y se sentó de un brinco a mi lado.
Fresca y lozana, al instante justo después de haber tomado una ducha, era cuando su belleza más resplandecía, y, lógicamente mis pulsaciones se aceleraban.
Mis esfuerzos por sobreponerme tenían que ser muy obvios, y ella me lo debía notar con nada de atención que pusiese. Cualquiera me lo podía notar con solo que se fijase un poco. Pero en el día de hoy, este domingo silencioso y como abúlico, en el que la luz mortecina del báltico lo envolvía todo, con un sol que no terminaba de espabilarse, y que parecía caminar de puntillas sobre los objetos, lo de menos eran mis arritmias cardiacas. Lo único que de verdad importaba a Diana era el hombre-mosca.
- Estoy descansado – respondí a su pregunta - Cosa curiosa en mí. Así que aproveché para revisar todo el material… Y que luego no tengamos sorpresas.
- ¿Has revisado la unidad móvil?
- Bueno. Eché un vistazo por la ventana y sigue aparcada donde la dejamos ayer… Parecía estar bien. Todo normal. Lo único, que por la noche haya venido alguien con un tubito de esos de goma y nos haya vaciado el depósito…
- Chssst. Calla Mike, no hagas bromas con eso. Hoy es el gran día y nada puede fallar.
- No, no fallará nada. He seguido el listado con todas las comprobaciones una por una. Mira, siempre lo llevo encima – saqué la fotocopia y se la mostré.
- Está bien, Mike. No te pongas nervioso, no es mi intención atosigarte… Es solo… Es solo que hoy no es como en el resto de las ocasiones anteriores.
Ella si que estaba intranquila, pensé, por más que lo tratara de disimular.
- ¿Se ha levantado ya Jean-Pierre? ¿Has hablado con él? – preguntó, sin apenas haber dejado transcurrir un instante.
- No, tú misma dijiste que le dejase dormir hasta tarde, que no le molestase.
- Es cierto. Es cierto.
- Me parece que la que ahora está nerviosa eres tú.
- Sí. Vaya. Pues a lo mejor sí. Pero ha debido ser en este mismo momento, que he pasado en cuestión de segundos de estar excitada a sobreexcitada.
- Bueno… No te tomes el café hoy tan cargado como otras veces y asunto resuelto.
- Oh, Mike… Te parecerá una tontería, un remilgo propio de una principiante, pero hoy por primera vez desde que empezamos a grabar el documental, me he dado cuenta de lo serio que es esto.
- Bueno, sí, hoy es diferente, estarán todos los patrocinadores al pie del cañón, las autoridades locales… Habrá muchos ojos pendientes de lo que suceda allá arriba. El alcalde ese tan pegajoso, por ejemplo, que ha hecho del tema una apuesta personal… No me gustaría ver la cara que se le quedaría si hubiese algún imprevisto y se debiera suspender la función. Hay un montón de gente que ha puesto dinero, sumas importantes de dinero, para financiar el espectáculo. Y son muchas las cosas que pueden no salir según lo esperado… Y aún así yo me conformo con que no haga demasiado viento para que el helicóptero puede volar sin problemas y, a las tomas aéreas, que al final son las que cuentan, se les pueda sacar todo el jugo. Pero como ves, tampoco es algo que me quite el sueño. Mi principal temor, después de todo, es que el trasto este se enrede con los cables del puente, por seguir demasiado de cerca al saltimbanqui este, y vayamos a parar al fondo del mar… A las heladas aguas del estrecho de Oresund. De hecho son ya unas cuantas semanas de paseos en helicóptero y… Cuando el cántaro va mucho a la fuente…
De pronto sonó el móvil de Diana.
- Oh. Tengo una llamada. A ver…
El que la llamaba era John Staunton, ejecutivo de la firma de pegamentos y adhesivos “Vulchem”. Quería saber, como es lógico, si la estrella principal del espectáculo ya estaba listo.
- No, aún no se ha levantado – le informó Diana - Hemos preferido dejarle un poco más de margen que otros días… Sí, ya se que a las doce hemos quedado allí con todo el mundo, y que solo pueden tener el tráfico cortado una hora… Sí, me doy cuenta de que es el puente que une Suecia con Copenhague, que no es como quien dice, dos tablas montadas sobre un arroyo… - Diana apartó un momento el teléfono de su cara y, visiblemente turbada, me hizo un encargo - Mike – me dijo con voz marcial – Vete y tráete ya para acá al hombre-mosca.
Obedecí sin rechistar, y allá me fui a por el gran funambulista de marras.
De camino hacia su habitación, y mientras involuntariamente comenzaba a mordisquearme las uñas, repasé mentalmente la historia de aquel individuo. De cómo un niño sin mayores aptitudes ni aspiraciones vitales, que durante su adolescencia no destacaría en nada, en absolutamente nada, y que apenas saldría de las salas de juegos, habría pasado sin pena ni gloria por la universidad para abandonarla a las primeras de cambio.
Al parecer lo habría dejado todo por amor, y él y su pareja se habrían dedicado a hacer pequeños espectáculos callejeros, juegos malabares y pantomimas improvisadas sobre la marcha, siempre a cambio de la voluntad.
No recuerdo si en algún corte de la entrevista nos dijo que hubiera formado parte de un circo, pero, en cualquier caso, debió ser por muy poco tiempo.
Todo muy romántico. Pero un buen día, Monique, que así era como se llamaba su adorada partenaire, lo plantó y se marchó sin dejar señas, que fue entonces cuando se transformó en el hombre-mosca y cuando comenzó su fijación por las alturas. Su irresistible adicción a encaramarse a toda estructura o construcción humana que se elevase hacia el cielo.
Empezó pues así, con pequeñas grúas de obra, no excesivamente altas. Las típicas de un edificio de seis a ocho plantas, pero siempre sin red, ni arneses, ni nada. A cuerpo serrano. El desprecio que el hombre-mosca sentía por su propia vida helaba la sangre del más arrojado de los valientes.
Y así habría continuado su locura, aumentando poco a poco las dimensiones del reto. Así hasta llegar a donde nos encontrábamos hoy: El puente de Oresund.
Sus torres de sujeción a más de 204 metros de altitud sobre el nivel del mar, serían la sublimación del más difícil todavía.
Y aquel imbécil pretendía llegar a la cumbre, a lo más alto, reptando por uno de los tirantes, valiéndose de equilibrios imposibles, donde una racha de viento, el más mínimo error de colocación de un pie o una mano, daría al traste con todo, y pondría el punto y final a su descabellada odisea.
Pero pensar en el hombre-mosca me deprimía. Que la gente volcase su atención en un suicida disfrazado de deportista me parecía algo lamentable. Así que traté de no darle más vueltas al tema, y cumplir escrupulosamente con las tarea que tenía asignada.
Di un par de sonoros toques con los nudillos en su puerta y susurré su nombre, “Jean-Pierre” ”Jean-Pierre”, procurando no molestar a los otros clientes del hotel.
Sin embargo aquel pasillo estaba desierto y mi voz parecía disiparse en la nada. No había respuesta en toda la longitud que cubría aquella moqueta.
Insistí. Ahora en voz algo más alta, pero de nuevo sin éxito.
Probé entonces a llamarle a su teléfono móvil, esta vez ya empezando a notar un ligero cosquilleo, y como una flojera repentina, en la parte más recóndita de mis tripas. Nadie se asomó al otro lado de la línea.
Jean-Pierre no daba señales de vida y yo comenzaba a impacientarme. ¿Se habría largado con viento fresco? ¿Habría cogido, y emulando a su ex-amante, se habría esfumado sin decir ni adiós ni al diablo, dejándonos en la estacada?
Di golpes más fuertes, y dejando de un lado los miramientos, pasé a gritar su nombre furiosamente.
Una mujer de la limpieza acudiría al lugar atraída por el jaleo.
- Shhht – me chistó y con el dedo, lenguaje internacional de signos, me instó a bajar la voz.

Pero yo no podía irme de allí sin sacar a Jean-Pierre de la cama. Como es lógico, la señora no comprendería las justificaciones en inglés de un neoyorquino de Long Island, y, en vista de que no deponía mi actitud, allá que se iría, toda alterada, en busca del encargado.
- ¿Qué ocurre aquí? – preguntó este al llegar, muy extrañado.
El rigor y los modales nórdicos se daban de bruces con aquella situación, tan desesperada, a la que yo me veía obligado.
- Usted perdone – traté de hacerme comprender – pero mi compañero no ha salido de su habitación, ni responde a mis llamadas, y me estoy temiendo que le haya sucedido algo.
- ¿La 505? ¿No es esta la habitación del hombre-mosca?
- Sí. Así es.
- ¿Y no se ha despertado?
- No. Y es raro porque es un tipo que lleva una vida espartana...
- Sí, eso dijo también la mujer que lo visitó anoche.
- ¿Una mujer?
- Sí, muy guapa, y de origen francés, que venía con un bebé en brazos, y a la que solo unos minutos después vieron salir atropelladamente... Sosteniendo contra su pecho a la criatura y con un pañuelo en la otra mano.
- Dios santo. ¡Qué mal me huele esto! Rápido. Hemos de darnos prisa.
- No se preocupe aquí tengo una copia de la tarjeta.
El encargado abrió lentamente la puerta y se fue adentrando sigilosamente, con mucho cuidado de no sobresaltar al hombre-mosca, y pronunciando su nombre en voz muy baja y muy respetuosa.
Yo le seguí y llamé también a Jean-Pierre varias veces, pero de la oscuridad no obtuvimos más que el silencio.
Solo cuando apartamos las cortinas y entró la luz del día pudimos identificar, guiados por unos gruñidos secos que emitiría, al hombre- mosca, hecho un guiñapo, tirado en el suelo y retranqueado contra una esquina.
Las sábanas que lo envolvían apenas dejaban ver su rostro, pero no impedían apreciar a su alrededor la montañita de botellines vacíos, de los licores mas diversos, que habría ido acumulando a lo largo de la noche.
El muy borrachín había saqueado el minibar y se había puesto como una cuba.
- ¡Oh, dios mío! – me lleve las manos a la cabeza – Cuando Diana vea esto le dará un ataque.
El encargado del hotel trató de incorporarlo y de reanimarle con palmaditas en la cara, y todos los rituales al uso, pero su estado solo invitaba a dejarle dormir la mona.
No tardó mucho en aparecer en escena Diana, impelida por nuestra tardanza.
Su reacción al verlo fue la que yo me imaginaba. Como chica joven que era no podría dominarse y la histeria haría presa de ella.
Se echó encima del hombre-mosca y lo zarandeó, le llamó una y otra vez con voz rota, pero en vano.
- No hay nada que hacer – le dije – El capullo este se ha cargado el documental.
- No, no puede ser. Hay que hacer algo… Lo que sea.
En su desesperación Diana llegó a desabrocharse la blusa y a cogerle la mano, metiéndosela por entre sus insinuantes, y elegantísimas, prendas de lencería. Fue una escena de un dramatismo brutal. Una cosa así habría revivido a un muerto, pensé en mi confusión, entre descorazonado y jocoso, pero no a aquel payaso del hombre-mosca.
Se veía en ese momento lo muy enamorada que ella estaba de él, y el sufrimiento tan grande que experimentaba ahora que la estaba dejando tirada, en el momento más crítico, en el momento crucial, de aquella gran aventura, ahora frustrada.
Pero la historia, que como siempre quiso ser así de sarcástica, llevó a que de sus labios, del pastoso gaznate del hombre-mosca, solo saliera atropellada y angustiosamente la palabra “Monique”.

domingo, 20 de julio de 2008

O Código da Chinche

El primer año de vida de FOOD & DRUGS ha sido acogido de forma muy positiva por sus lectores, y en general, por los fans del dibujo humorístico (tenga gracia o no), por lo que la junta directiva hemos de estar muy satisfechos con nuestra gestión y aumentarnos significativamente el número de palmadas en la espalda a percibir, aparte de adelantar en varios meses la revisión al alza de las remuneraciones en especie*.

*la cuota actual de una tableta de chocolate “trufa fondant” a la semana, se incrementará a una y media, estudiando la posibilidad de efectuar parte del abono de las plusvalías en tarrinas de helado nata-fresa-vainilla, como medio de aprovechamiento de las ventajas fiscales que durante la época estival ello representa en materia cambiaria.

Pero no voy a darle la paliza a nadie con estos asuntos de la vida ordinaria del blog, que naturalmente no tienen el menor interés para el ciudadano de a pie, así como para ninguno de sus usuarios y/o colaboradores esporádicos.
Por otra parte hacer un comunicado oficial para decir lo mucho que nos congratulamos de publicar nuestras retorcidísimas payasadas desde una tribuna libre, y siguiendo nuestra propia línea editorial, tampoco nos parece lo más apropiado. Siempre pensando en nuestros sufridos consumidores, y desde el punto de vista del nulo beneficio holístico que, con total seguridad, ello les iba a reportar.
Aunque sí hemos de admitir que este éxito de media-baja intensidad (por lo pronto el haber evitado una extinción masiva de ideas es un gran logro) es un motivo más que justificado de celebración, y además ha servido para atraer la atención y el cariño de gran cantidad de visitantes y turistas accidentales, cada vez más, de cuyas sinergias es básicamente de lo que nos nutrimos.
La lástima es que ello, esa es la cara amarga del éxito, también provoca el que de la noche a la mañana, se nos hayan comenzado a arrimar los clásicos aprovechados y advenedizos de turno, como es el caso de mi hermano.
La obra “O código da Chinche” (versión original en gallego) es un ejemplo de lo mucho que “chincha” el tener que hacerle un hueco en tu propia página a dibujos más guays que los tuyos, por tratarse de un familiar.
La historia que se describe en estas cuatro páginas a todo color, hará las delicias de los verdaderos amantes del cómic, y nos producirá un verdadero vacío de creatividad a los que lo dimos (al cómic) por muerto y enterrado como género artístico de primer nivel.
Y sin más preámbulos os dejo con “El código del chinche”.

Mato Grosso pictures presents,

Avec la participation de la societé Food and Drugs,

EL CÓDIGO DEL CHINCHE

(Calif. Moral: Todos los públicos)
Parents strongly cautioned.


martes, 8 de julio de 2008

Las Rebajas a la palestra


Near translation: I love so much shopping, that I've decided to dramatically shorten my purchase's lifetime.
La primera imagen que me viene a la mente cuando alguien menciona , o comenta algo acerca de las rebajas, es, no se por qué, el de aquella cadena de tiendas en Inglaterra (Harrods creo recordar) donde las muchachas (jovenzuelas y no tan jovenzuelas) se agolpaban tras las puertas de los grandes almacenes, y allí permanecían, entre empujones, codazos y una tensión que se cortaba con un cuchillo, hasta que sonaba una bocina y entraban en avalancha, llevándose por delante a todo aquel incauto que osara cruzarse en su paso.
Supongo que será porque tengo propensión a fijarme y a retener en mi memoria con más facilidad lo cómico o dantesco.
Y no es que yo sea un enemigo acérrimo del consumismo, ni muchísimo menos (no desde luego como para retirarme a un monasterio tibetano), ni voy a discutir el éxito incontestable del que gozan siempre las rebajas.
Sin embargo he de preguntarme, más que nada porque este blog es así de inquisitivo, si realmente ese éxito está lo suficientemente justificado.
Por decirlo de la forma más amable que se me ocurre: ¿Se trata realmente de una oportunidad para el consumidor menos solvente, o es simplemente un reclamo para atraer más gente a los comercios?
Mi experiencia después de haber participado muchas veces ya de esta fiebre, es, si bien, la de no encontrar nunca nada de mi gusto, a las cifras de cuya etiqueta se les hubiese practicado descuento alguno.
Y he llegado, naturalmente a fuerza de desengaños, a la conclusión de que la ropa buena, en general los artículos de calidad, nunca se rebajan.
Para mí hoy esto ya no es ningún secreto. Y es una verdad que no cambia. Da lo mismo que busque y rebusque entre las pilas de prendas amontonadas bajo un cartelito en el que se lee “todo al 50%”. Es probarme una camisa y parecer que llevara los dos brazos ortopédicos, un pantalón, e independientemente de la talla que sea, encontrármelo apretujando maliciosamente alguna parte blanda de mi anatomía.
Por supuesto, de los zapatos ya no debería ni molestarme en decir nada. Sencillamente se rebajan los que han quedado sin vender: Los que no le han gustado a nadie, bien por lo feos que son, o por el daño inhumano que hacen.
Pero claro, los vendedores que son muy cucos, ya lo tienen así montado, y les funciona de perlas. De hecho, lo primero que uno hace tras enfundarse uno de esos trapos rebajados, es ir corriendo al probador con otro en la mano, ahora sí, de los buenos (de los de marca), simplemente para cerciorarse de que todo sigue en su sitio, y que nuestra imagen personal no se ha quedado impregnada de esa apariencia previa tan insatisfactoria.
Y entonces, envueltos en el relax y la complacencia que ello nos produce, y al mismo tiempo, azuzados por el miedo atávico a nuestra propia fealdad, que no hace ni un instante que venimos de contemplar, terminamos, de manera inconsciente, poniéndonos en las manos salvadoras de nuestra tarjeta de crédito.
Dicho todo esto, estimados lectores, es bueno que sepáis si acaso, que en Food and Drugs ni ahora ni nunca haremos rebajas. Eso de “¡¡Tiramos los precios!!” no va con nosotros. De forma que podéis estar tranquilos.
En cualquier caso, tampoco tendría mucho sentido ponernos de rebajas, porque al fin y al cabo Food and Drugs es gratis!!!


jueves, 3 de julio de 2008

Viena bien vale un remojón


París bien vale una misa dijo en su día Enrique IV de Francia, abjurando del protestantismo y con ello obteniendo el reconocimiento de su derecho al trono.

De igual manera, también el aplastante triunfo de la selección española en la Eurocopa de Austria y Suiza, en consecuencia, fue tal de mecerer un baño en la fuente de Concepción Arenal, lugar de todas las celebraciones futbolísticas en Ourense (ya sean culés, "madrilistas" o de 'paña).
Pasa que uno ya no está para estos trotes, pero se dejó arrastrar por la muchachada y... Recibió el bautismo ese de los testigos de Jehová, o de Yaveh, o de los discípulos de Emaús... Cualquiera se acuerda ahora.
Sectas, religiones, fanatismos deportivos de toda índole, que más da. Todos se pueden meter perfectamente en el mismo saco.
Llevarse un alegrón tan grande porque un pellejo inflado de aire se cuela entre tres listones de madera recubiertos de una red es algo, desde luego, que no tiene pies ni cabeza.


Bueno, no sabía que aquí en Galicia éramos tan patriotas. En fin, ya se sabe, todo el mundo se sube al carro de los ganadores... Aunque esté un poco húmedo.

lunes, 30 de junio de 2008

Cumpleaños Feliz


Sí, hoy mismo hace un año iniciaba su andadura este blog, de nombre Food and Drugs (anglicismo que te crió). Y he pensado que no podía haber mejor forma de conmemorarlo que solicitar a los dos presentadores de “cine del armario” (¿o era “de barrio”?), aquel entrañable programa de televisión (tve) de las tardes del domingo, en el que se repasaba la historia del cine español (generalmente la del cómico y el folclórico, que prácticamente concurrían a la pantalla amalgamados), que nos honrasen con su presencia y nos aportasen su gran profesionalidad.
Lamentablemente, no ha sido posible contar con ellos, por lo que me he visto obligado a echar mano de dos guiñoles bidimensionales (y un tercero que hace de invitado), que a la sazón han tratado de representarles… Si no en cuerpo, sí al menos en espíritu.
Y aprovecho esta tan alta ocasión, que jamás vieron los siglos pasados, ni esperan ver los venideros, para cargar las tintas contra uno de los temas que más me han intrigado siempre: El de la homosexualidad.
El día que comprenda como es posible que ese extraño fenómeno, que coloquialmente se viene denominando como “cambio de acera”, “perder aceite”, “tener pluma”, se produzca, y más ante la atenta mirada de la madre naturaleza, ese día, sentiré que mi patrimonio intelectual, que la educación y el bagaje cultural que he recibido de mis mayores, habrá sido desmantelado, y que las pitonisas y chamanes habrán ganado un cliente más.
Pero habría valido la pena. Habría descifrado uno de los grandes misterios del universo, y estaría ya cerca, ya mucho más cerca, de alcanzar el nirvana.
Aunque quizás, eso sería, como dicen en las películas de gansters y bajos fondos, querer saber demasiado. A veces, ciertamente, saber demasiado no es nada aconsejable.
Bien, no quiero ofender a nadie con mis opiniones, y mucho menos verme vertiendo a este entrañable blog, que ha cumplido un añito tan solo, la clase de propaganda ultraconservadora y fanática, tan propia de los que añoran los célebres tiempos de la Santa Inquisición, y que acusa a los gays y lesbianas de poco menos que ser de la piel de Barrabás. Pero he de admitir que el cuerpo (las hormonas, la bilis, o lo que sea) me lo pide. Como se puede apreciar, aquí se le llama al pan, pan y al vino, vino.
Y no es afinidad con unos valores o creencias religiosas, que va, sino pura conveniencia. Porque a ver si no… ¿Qué mejor forma de afirmar mi masculinidad, que simplemente despotricando contra los amanerados, travestis y “mariposones” de toda clase y condición?
Nada de ir a gimnasios a sacar músculo, tras horas y horas de tediosos ejercicios con pesas, nada de asumir engorrosas actitudes como el valor ante el peligro, o la persecución de elevadas ambiciones profesionales o intelectuales. Todo eso es perder el tiempo cuando existe un atajo tan a mano.
Y aún así, aún reconociendo mi bajeza moral al respecto, no puedo remediarlo: Los hombres que se regalan entre sí cajas de bombones, y se dicen poemas a la luz de la luna, sigue siendo algo que no me entra en la cabeza.
¿Pues que gana uno en este tan monótono, tan aburrido, cambalache? ¿No pretendemos o hemos de pretender acaso las personas, por lógica natural, aquello que no poseemos? ¿Aquello que nos complementa? ¿Y no dicen además que la riqueza se encuentra en la diversidad?
En fin, ya sé, todos estos son argumentos a los que se les puede dar fácilmente la vuelta. Pero el que lo quiera entender lo entenderá (dicho aquí el verbo “entender” sin ninguna connotación oculta o segunda intención).
Yo, por mi parte (y “mis partes”), sigo sin poder explicármelo, y por un lado, me congratulo de ello, y por el otro me entristezco de ver como mi inteligencia topa contra una barrera, un límite, que no es capaz de franquear.
En fin, dado que no quiero complicarme más la existencia, perorando sobre algo de lo que no tengo más que una referencia remota y nebulosa, os invito a que os informéis más ampliamente sobre
el tema en la página que le dedica la Wikipedia.
Vosotros decidiréis si estáis satisfechos con lo que sabéis al respecto, o si preferís “saber demasiado”. Ha, ha, ha, ha*

*risa frankesteiniana


Y por cierto, gracias a los miembros (“miembras” no hay, de momento) de la selección española de fútbol, por el tan extraordinario regalo que nos han hecho ganando en tan señalado día la Eurocopa de naciones. Este blog, que se mira mucho el ombligo (es así de rarito), lo asume como propio.
Derrotando nada menos que a la mismísima Alemania, lo que al principio bastante costaba creer. Mi cara debió ser muy parecida a la que se les quedó a
Manolo el del Bombo o Arconada, cuando el árbitro pitó el final del encuentro.
¡Enhorabuena, campeones!


domingo, 22 de junio de 2008

Expertos en todo


Conocí hará unas semanas a una persona que, por su profesión, había recorrido medio mundo, y visitado centenares de ciudades y países. Al tratarse del auditor de una compañía de seguros, debía hacer las valoraciones de los bienes muebles e inmuebles de empresas, con vistas a cuantificar los daños que podría ocasionar un incendio, o cualquier otra contingencia parecida y, a partir de ahí, fijar la póliza adecuada. Habría pisado pues fábricas a porrillo, edificios de oficinas y toda suerte de instalaciones. Por citar las más llamativas, desde una central nuclear hasta un convento de monjas.
Y yo, no pude evitar que por unos momentos unas pequeñas rachas de envidia me zarandeasen, y me hiciesen tintinear como el cordel de un mástil sin bandera.
Me había llamado sobre todo la atención, el énfasis que puso en esta última experiencia y los recuerdos tan singulares que, al margen de los aspectos puramente laborales, afirmó que le había reportado. No llegué a “capiscar” muy bien si había ironía o beatería en sus palabras, pero no me costó imaginar la sucesión interminable de escenas y situaciones de las que yo, encontrándome en su lugar, me hubiera aprovechado para tomar material abundante con el que amasar este blog.
Pero al mismo tiempo me vino a la mente algo que este también había dicho con anterioridad, precisamente cuando le comenté que ese tan amplio bagaje en su haber debía, sin duda, traducirse en una vastísima experiencia laboral de la que sentirse respaldado, respondiéndome con la coletilla de que, en el fondo, él era un aprendiz de todo y oficial de nada. Lo que he de admitir que me dejó un poco descolocado.
Y es que en este mundo nuestro, en esta sociedad del conocimiento y la tecnología, una sociedad tan desmesuradamente saturada de información (útil e inútil a partes harto desiguales), tal pareciera como que cada vez es más imprescindible saber de todo, más aún, ser un experto, si es que se quiere tener unas mínimas posibilidades de sobrevivir dignamente.
Si no, a quien - que tenga la valentía de admitirlo - por más diplomas académicos que se tengan, idiomas extranjeros que se conozcan, chapurreen o gesticulen, libros, periódicos y revistas serias que se hayan leído, no se le pone la piel de gallina cada vez que un electrodoméstico se avería, y hay que llamar al técnico, o cada vez que el coche sufre un percance, y hay que dejarse caer por el taller del concesionario oficial.
Para mí es una cuestión bien sencilla de afrontar. O se tiene una red amplísima de amistades con información de calidad a la que recurrir, capaces de dar detalles puntuales, y de crucial importancia, sobre todos y cada uno de los servicios y asistencias que se nos ofrecen, sobre cuales timan y cuales timan menos – muy, pero que muy, complicado - o uno se obsesiona con perseguir esta información por su cuenta, contrastándola por sus propios medios, haciendo de este objetivo, el ser más listo que los que se ganan la vida a base de inflar las facturas a primos, su lucha diaria.
Una perspectiva esta última agotadora, ante la cual, casi sería preferible apuntarse a cursos de meditación zen y esperar que, con los efluvios de la paz interior, venga de rebote la omnisciencia.
A no ser que uno termine por admitir que, el control y la perfección absoluta no son, en el fondo, más que conceptos antipáticos hechos para amargarnos la siesta, y opte por la solución que no falla: La de ahorrarse problemas, y que no es otra, que la de aflojar generósamente la cartera. Por que, está demostrado, la tranquilidad, al final, es siempre lo que más a cuenta sale.


jueves, 12 de junio de 2008

Pasarela Hades


En efecto, esta vez le toca a la anorexia. Se anticipaba ya de otros "posts" ¿verdad?
Lo cierto es que decidí publicar algo sobre el tema después de contemplar unas escalofriantes imágenes en YouTube.
No hace falta ni siquiera dar un enlace concreto, cualquiera de la media docena de videos que os encontrareis en primer lugar valdría para ilustrar esto que digo.
Y lo que más me impactó, lo que más me llamó la atención, qué fue, os preguntareis. Pues fue que a diferencia de otros enfermos que enseñan compungidos sus laceraciones (hongos, quemaduras, tumores, malformaciones genéticas, lunares peludos, etc…) sacrificando su imagen personal en aras de la ciencia y por el bien de la humanidad, la expresión en el rostro de estas personas, en su mayoría muchachas jóvenes, era de orgullo y satisfacción. Algo así como si por dentro estuvieran pensando: Mirad lo que he conseguido yo solita. Mirad y rabiad.
Es pues que uno, por más que pretende ser neutral no pueda quedarse de brazos cruzados y dejar sin criticar comportamientos tan absurdos como esos.
Ya, mucha gente dirá. Ellas sabrán lo que hacen. Si quieren acabar pareciéndose a esqueletos vivientes, incapaces ni de moverse ni de caminar, como no puede tampoco un espantapájaros, es asunto suyo. Ellas se lo buscaron…
Pero desgraciadamente, esta enfermedad es mortal, y por su propias características, degenerativa, por lo que no es cosa de desentenderse y dejar que cada cual cargue con sus basuras. Máxime cuando todos somos un poco cómplices.
No en vano la sociedad actual, a la que todos pertenecemos, y, confortablemente aupado sobre sus hombros, el mundo de la moda, han marcado unos estereotipos de belleza que de tan exacerbados como son, rozan el esperpento daliniano. Patrones de belleza que curiosamente, desde un punto de vista masculino, cada vez tienen menor conexión con nuestras preferencias. Pero bien es cierto también que el punto de vista masculino en este negocio importa poco.
La intención última de los empresarios y publicistas, es de que ninguna chica joven, o al menos muy pocas, alcance ese nivel de esbeltez estratosférica, lo que se consigue plenamente. Una estrategia que lleva a que sean millones las jóvenes que se sienten insatisfechas consigo mismas y que acto seguido, y sin pestañear, se conviertan a la idolatría de esos espectros de vanidad.
Todo, paradójicamente, mientras sigue habiendo lugares en el mundo donde la gente se muere de hambre, y no precisamente por razón de caprichos estéticos.
Pero como para pensar en eso están quienes no oyen hablar de otra cosa en todo el día que de calorías y productos de adelgazamiento.
Se trata pues de mantener un equilibrio muy delicado que se rompe solo con soplarle y en el que la inteligencia, la propia inteligencia, nunca se sabe de qué parte está.
Es el dilema por antonomasia de todos los jóvenes y personas en edad de merecer.
La eterna disyuntiva entre lo bello y lo deforme, y ese horizonte lejano al que aspiran en dura pugna el amor propio y la admiración por los otros. Todo un lío en el que siempre son los de afuera los que dictan quien es “superfashion de la muerte” y quien no. Aunque aquí también hay que saber anteponerse a la papanatería general y no dejarse arrastrar por la corriente.
En fin. Sea el problema que sea, todo es mucho más fácil de sobrellevar ayudándose del sentido del humor, donde solo manda, os lo recordaré por si lo habéis olvidado, el gusto particular de cada uno.

sábado, 31 de mayo de 2008

El Mortirolo


Mucho se ha hablado en este blog de las obsesiones personales de cada uno, y por primera vez me gustaría ir un poco más hacia el fondo de la cuestión.

Para empezar me preguntaría por qué nos obsesionamos con ciertas cosas. ¿Como es que determinados seres, objetos o comportamientos nos producen esa dependencia crónica tan inextirpable y otros no?

El mundo está repleto de alicientes y sin embargo son solo unos pocos los que nos atrapan. Algunos son de carácter benigno y pasajero, otros se acomodan en una esquina de nuestras vidas y no molestan más que en muy contadas ocasiones, pero hay otros, los verdaderamente peligrosos, que paulatinamente se ocupan de anular todo nexo de unión con la realidad en la que se fraguaron, y que terminan convirtiéndose en auténticas esclavitudes.

¿Radicaría ello en nuestros traumas infantiles? ¿En la necesidad de homologarnos como personas normales ante nuestros propios ojos, de manera que perseguimos sin descanso aquello que creemos que nos falta para ser completos, para estar enteros?

En algunos casos, como la anorexia, o su contrapartida masculina, la vigorexia, que consiste en el abuso reiterado de la práctica deportiva, todo se explicaría fácilmente recurriendo al descontento con la propia imagen física como causa evidente del desarreglo emocional, pero en otros no está tan claro. Citaría entre otros los perfeccionismos de todo tipo, las adiciones al trabajo y actividades semejantes, sobre el papel ingratas al individuo, pero hay infinidad de formas más o menos livianas en las que sin ser conscientes de ello podemos vernos mezclados, incurriendo en la fea costumbre de ser unos neurasténicos.

En fin, toda obsesión maligna es aquella que nunca llegamos a conocer lo suficientemente bien. Empieza siendo divertida, no sirve a más propósito que al del puro entretenimiento, pero de pronto y a la chita callando consigue engatusarnos, y a partir de ese momento ya no somos más que títeres de sus propios devaneos. Nos ridiculizarán ante los demás, nos mortificarán y nos harán renegar de nosotros mismos.

Sí queréis saber más del tema este artículo podría seros útil. Entretanto, vigilad vuestra balanza de pagos, la deuda asumida dista todavía mucho de ser satisfecha.



sábado, 24 de mayo de 2008

Homeostasis


Cuidado con el palabro que me he sacado de la manga...
Pues bien, según el diccionario de la RAE significa: "Conjunto de fenómenos de autorregulación que intentan mantener equilibradas las composiciones y las propiedades del organismo", y pensé que sería más apropiado que otros que barajé previamente, como "asana barbitúrica" o "yoga con bífidus activos", en los cuales no encontré mucho más apoyo ni simpatías. Aún cuando se les pudiera considerar más descriptivos.

La idea central por tanto gira en torno al por qué de nuestra ansia constante de estabilidad. Un ansia, sobre todo, más acentuada en lo que se refiere a la estabilidad emocional.
Y me preguntaba si este instinto es o no beneficioso para el individuo, que sin proponérselo de manera consciente estaría sin embargo allanándole el camino a la insidiosa rutina, y más en concreto, en que porcentaje puede ser un lastre para los artistas, o eternos aspirantes a artistas, como un servidor, en su árdua y pesarosa peregrinación al wonderland (no confundir con wonderbra) de los genios creadores.

Da la impresión de que en cualquier caso todo el mundo, se tenga o no la vena artística, quiere estar relajado y en paz consigo mismo, y que el santo grial de nuestros días es alcanzar ese estado. Una especie de "iluminación", pero sin ser de demasiados watios. De ahí que para conseguirlo hayan surgido muchas recetas, siendo las de las industrias farmaceúticas y los gimnasios, las que más dividendos generan.
Lo de estos últimos parece un poco una broma: Matarse a correr y a hacer pesas con el objeto de instalarse en ese limbo de lo inmanente, de lo que no se mueve, de lo que no cambia con el tiempo. O lo que es lo mismo, trasladar a todos los órdenes de nuestro esqueleto psico-emocional un afecto insano por la pasividad.
Pero me preocupaba también ese daño a la memoria, a su enorme valor como posesión personal, que le inflige esta moda de lo antioxidante. Nunca se podrán sacar recuerdos buenos (buenos en cuanto que de gran calidad compositiva) de una tabla de repeticiones. Ello, lógicamante, sin hablar de lo que los tranquimazines o valiums se llevan por delante en su sórdida tarea de silenciar a las voces críticas.
Conclusión: ¿Cómo podemos aplacar la tormenta interior, cuando soplan los vientos de la decepción y nuestro raciocinio cede ante sus rachas endiabladas? En mi opinión, no es conveniente.
Es la llamada de la selva, el regreso a la amazonía de nuestros orígenes lo que estamos contemplando cuando se desencadena una de estas tempestades. Sentémonos y gocemos del espectáculo. Cuando las neuronas chillan como sopranos extasiadas, y el auditorio tras la oscuridad espesa escucha acogotado, la experiencia se magnifica.
Los aplausos de un público puesto en pie y lanzando "bravos" como posesos, no lo es todo en esta vida, amigos míos. El éxito, tanto en el amor como en los negocios, en el deporte o en la expresión de la creatividad personal e intransferible, es privilegio de unos pocos. Os podrá ser esquivo, pero por lo que más querais, no caigais en su ausencia en los brazos mórbidos, en las brumas flatulentas, de la homeostasis.

sábado, 17 de mayo de 2008

La piscifactoría



*Translation for foreigners: It's been said so much they were so intelligent that, surely, they took it for real.
De nuevo ese gran vivero que es el mundo laboral, cantera inagotable para mis tématicas obsesivas.
Ya, lo reconozco, es fácil caricaturizar un tipo de relaciones ya de por si propensas a la ridiculización, pero es que su doble rasero, su condición de hoguera de vanidades donde se consumen por igual las altas y las bajas autoestimas nunca dejará de fascinarme.

Metáfora de la vida, también en él la apariencia lo es todo. Pregúntese uno si a ese señor bajito y con rasgos porcinos en la cara, pelo en pecho brotando salvajemente por debajo de la camisa, le costaría lo mismo que a cualquier otro ascender en el escalafón de una empresa, y llegar algún día a ejecutivo. No, evidentemente.
Pues este es el mismo caso. Un buen día se dijo de los delfines que eran unos tipos con aptitudes, y ahí los tenemos, haciendo las faenas divertidas y enriquecedoras, mientras que con los atunes y las merluzas, no hay ninguna clase de miramientos. Lo único que cuenta es dejarlos en las raspas.

martes, 6 de mayo de 2008

Extracción de Sangre


Poca literatura que hacer al respecto.

¿Qué se puede decir de la Seguridad Social que no esté ya dicho...?
De chapeau con los casos graves y urgentes, pero exasperante hasta el infinito con la "burrocracia" de los pacientes menos pachuchos.

Si uno tiene una de esas enfermedades o achaques repugnantillos que requieren una vigilancia y seguimiento permanente, mejor es concienciarse, porque cuidarán de ella como si se tratase de un Bonsai.
Solo se me ocurre pues una forma pues de afrontarlo: Armándose de mucha paciencia.

¡Ah... ! Y desde luego, estar dispuesto a dejarse analizar hasta las heces del líquido cefalorraquideo.

Detalle del Calendario

viernes, 2 de mayo de 2008

Energía Impía


El debate sobre desarrollo ecosostenible ha ido ganando terreno día a día, y hoy es prácticamente tema obligado, ya sea en consejo de ministros o en un corrillo de amiguetes frente a unas tapas de calamares.

Lo que sí no es de prever, me temo, es que acabe llegando a los verdaderos interesados, es decir, a los sufridos animalitos, que son los que realmente lo experimentan en carnes propias. Pero no hay duda de que sería divertido, y desde luego muy didáctico.

Es por tanto una pena que no tengan estos ni voz ni voto, pues así de golpe y porrazo, como que nos quedamos sin una opinión, más que cualificada, para valorar qué es ecologismo y qué no. O dicho de otro modo, para identificar en qué momento, por ejemplo, un parque eólico deja de ser un bien medioambiental, para transformarse en la misma fórmula más o menos encubierta de negocio, usura y acaparación del suelo.

Pero es el mismo tema de siempre. Por desgracia, continuamos embarcados en un modelo de economía que no tiene trazas de replantearse su relación con los recursos del planeta. Mal que nos pese, limitados.

En un siglo que parecía destinado al despegue y consagración definitiva de la microingeniería, y el triunfo de lo diminuto como palanca de progreso tanto en biología como en medicina, extendiendo por ahí las fronteras de nuestro bienestar, se sigue con la idea infantil de inaugurar el rascacielos más alto y el puente más largo del mundo.

No importa que sean vertidas toneladas y más toneladas de cemento y asfalto a diario, y ni se repara en que llegado algún momento estará todo a rebosar. Si no hay sitio, se le busca.

Tanto pues con que si somos, el ser humano en plural, el rey de la creación, y la estamos dejando hecha una escombrera.

Ya que entonces ellos, los animalillos, no pueden, hemos pues de ser nosotros, los artistas y pseudoartistas, los que les prestemos nuestra voz. Esto es, los que tratemos de evitar el destrozo impune de nuestra riqueza natural, mediante la vieja receta de ponernos en su pellejo. Como decía aquella campaña publicitaria contra el abandono de perros: "Él no lo haría".

Ya. Pues, conociendo el percal... Bien tonto.



miércoles, 30 de abril de 2008

Happy End


He aquí el sueño de todo "currito" hecho ficción.
El Happy End ("Final Feliz") surcando la mar océana sin acordarse ni de las prisas ni de los horarios.
Como el tema es delicado he preferido no hacer excesiva guasa. Por otra parte mi intelecto tampoco daba para más y no se me ha ocurrido nada.

domingo, 20 de abril de 2008

Vacaciones en el mar



¿Dubai o Brasil? : That is the question
¿Qué debe más dignamente optar el alma noble, entre sufrir de la fortuna impía el porfiado rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo, desaparecer con ellas? (Shakespeare)

Resumiendo: ¿Viajar al este o al oeste?
¿Playas tropicales y "capoeira" o islas artificiales y rascacielos, surgidos en mitad del desierto, como si de una alucinación o espejismo se tratara?
Dificil elección. En fin ya se sabe, dice el dicho que de la mar el mero, y de la tierra el ingeniero. Lástima que en este caso los resabios castizos se intuyan, más que nada, prescindibles.

Volvamos pues, en busca de respuesta, a la filosofía inmersa en las profundidades de las grandes obras, de las obras maestras, literarias.

Dicen de Hamlet que era un personaje tibio e incapaz de tomar decisiones, la edad adulta se le venía grande. De hecho solo aquello que le afectaba directamente era tal de remover su conciencia, y hacer que aflorasen sus sentimientos. Vamos, un egocéntrico, o para usar el lenguaje de la calle, un capullo.

Y, oh, de pronto siento como que me veo reflejado.

¿Es buena la duda? ¿...?
Sí parece ser, en tanto, naturalmente, que esta no se convierta en incapacitante. Es decir, mientras no lleve a un círculo vicioso de pros y contras, subiendo y bajando diminutas pesas de una balanza de precisión, absurdamente calibrada a lo más infinitesimal.

Bien, Hamlet tenía una buena empanada mental, y yo no quiero seguir sus pasos.
Solicito pues a través de este llamamiento a todos los visitantes de esta página, una ayuda tesmonial, diciendo simplemente si sí, o si no, a Dubai o a Brasil.

Sea cual sea el resultado iré metiendo el bañador en la maleta.

Vacaciones ¿A Dubai o a Brasil?
Holidays, Where to go: Dubai or Brazil?
Où aller?, mes chères amis


Obrigado pela vossa resposta.
Salaam- aleikum (o como se diga).

domingo, 13 de abril de 2008

El pasado siempre vuelve


¿Quién no hubiera gustado de estar allí, en medio del Pleistoceno, cuando los Neandertales y los Mamuts se peleaban por la supervivencia (afortunadamente los Mamuts fueron más lilas)? ¿Quién? ¡Que levante la mano!

Yo tengo muy claro que me iré p'al otro barrio sin poder ver reencarnadas a estas especies antecesoras a la nuestra (la sapiens), lo mismo que con los dinosaurios, por más que Spielberg los quiera desenterrar en formato informático, pero ahí queda mi voluntad (no la última, espero).

Sería divertido ver, eso sí, de aquellas gentes, el como se comportaban ante la comida basura. Las hamburguesas y perritos y sus deliciosos aromas artificiales, meticulosamente extraidos de un laboratorio ultrasecreto.

martes, 8 de abril de 2008

Maravilla Atómica


Chernobil ya es historia.

No ha pasado todavía un cuarto de siglo y muchos ya parecen haberse olvidado de aquel fatídico día del accidente nuclear que nos puso a todos la piel de gallina. Bueno, a los que no habíais nacido, no, claro.

No es desde luego mi caso. Solo de pensar en ello se me entran de nuevo las ganas de atiborrarme de isótopos radiactivos. Y es que en aquella ocasión la ración que nos llegó a nosotros, los de más acá de los pirineos, debió ser ciertamente muy modesta.

Muy al contrario, que les pregunten por el tema a los "liquidadores", los que se quedaron allí pringando en tanto no estuvo en pie esa gigantesca chabola de hormigón apodada "el sarcófago". Ellos sin duda, los que sobrevivieron, me refiero, no han de tener el ánimo, ni desde luego el apetito, muy presto a una reedición de aquellos apasionantes momentos.

Sí, Chernobil fue el gran pedo que anunciaba la descomposición de los intestinos soviéticos. Ya venía oliendo mal de antes, eso también es cierto.

Pero algo me dice que, fieles únicamente a nuestras ansias de despilfarro, si nosotros seguimos estimulando ese hambre por los isótopos radiactivos, muy pronto podríamos acabar también con el estómago revuelto.

¿Mejor hacer oídos sordos?

¿Taparse los ojos?

¿Taparse la nariz?



viernes, 21 de marzo de 2008

Zona en Conflicto


Hay animales que lo tienen muy claro a la hora de hacer vida en pareja. Por ejemplo, las cucarachas. Su concepto de esta es minimalista. Apenas unos breves instantes de flirteo y... Bingo. Y si te he visto no me acuerdo. Papeleo cero.
El resultado de lo bien o mal que les haya ido se medirá en función del número de individuos que traigan a este mundo a perpetuar especie.
Otra cosa muy diferente somos los homínidos. Por desgracia ya desde la época de las cavernas, alguien ha de ocuparse de las ingratas tareas del hogar, y se hace impepinable organizarse bien. A esto se suma el hecho de que para crear a un ser humano completo, viable para la vida adulta, son precisos dieciocho años (cuando no el doble) de educación, lo que obliga a los machos y las hembras de nuestra especie a ponerse de acuerdo entre ellos para pasar más tiempo juntos del que en realidad sería aconsejable.
Y claro la pega es que, una vez que la misión está cumplida, resulta que los fuegos de la juventud se han sofocado... De ahí la importancia de elegir bien y no equivocarse. O al menos no equivocarse una vez que la mitad del camino está andado. En fin esto es muy filosófico, y la vocación de este blog no es tratadista ni de ser compendio de la sabiduría o estupidez humanas. Tampoco es nuestra intención buscar atajos a problemas que han asaltado al hombre desde que este es hombre, o sea, desde que se bajó del árbol, y con ello, entre otras cosas, dejar en el paro a todos aquellos que se hacen de oro a su costa, como por ejemplo, los abogados expertos en casos de divorcios.
Ya en serio, un cariñoso saludo a todas las féminas fans de este blog (caso de que hubiera alguna), un abrazo fuerte, y que no se tomen muy a la tremenda el enfoque misógino de muchas de las humoradas. Es solo de cara a la galeria. Y con todos mis respetos para los cascos azules. Un modelo a imitar.

viernes, 7 de marzo de 2008

Olimpijadas


La ceremonia de apertura de los juegos olímpicos del año 2050, forzada como de costumbre a devenir en el más magno evento de la historia del deporte, tiene trazas sin embargo de convertirse, al paso que vamos, en el tostón más soporífero que los límites de la paciencia humana puedan, en un momento de bravura, soportar.

Y ello no es sino debido a las constantes declaraciones de independencia de républicas y paises, regiones y estados, provincias y autonomías, reinos y arzobispados, comarcas, municipios y comunidades de vecinos. El rosario de delegaciones desfilando con banderas e himnos, y toda la demás parafernalia, podría resultar una cifra inabarcable para el intelecto humano. E incluso en el peor de los escenarios, quizás pudiera extenderse hasta más allá de lo admisible por el espacio-tiempo sin curvarse hasta el punto de no retorno. Hasta el punto del comienzo del big crunch.

Desde luego, lo que nadie podrá negar es el colorido y lo variopinto de los participantes, venidos de todas las esquinas del planeta para representar a sus paisanos... Y a tratar, al menos, de ganar alguna medalla que los situe en el mapa (nunca mejor dicho).


domingo, 2 de marzo de 2008

Inmobiliarias en desbandada


Ha llegado el momento de replegar velas para el sector de la construcción. El coste de la vida ha subido y el sueño ladrillero (o debiera decir pesadilla) se desvanece como un prolongado canto del cisne en el que las inmobiliarias, muchas de las cuales ya han cerrado, pagan los platos rotos.

Pero por muchos que sean los millones que se dejen de ganar, nadie podrá negar que el negocio ha sido el chollo de la década, y que como sucedáneo de la piedra filosofal aún seguirá siendo rentable por los siglos de los siglos.

Esperemos al menos que, una vez que nuestro litoral se ha convertido en algo parecido a un jardín japonés de cemento, erigido a mayor gloria del euro fácil, no acabemos pavimentando el resto del país con más y más construcciones (naves industriales, barriadas de adosados, y nudos de autovías) hasta no dejar ni un solo rincón para la vida silvestre... Y que la vegetación acabe no siendo otra que la de las macetas de los moteles a pie de carretera.

Reconstruir para mejorar lo existente, debería ser nuestro lema. Pero eso, claro, todavía sigue siendo solo un negocio para los amantes del lujo y el despilfarro.

Lo cutre, esa corriente estética del feísmo, que ha campado por doquiera, es mucho más económica... ¡Qué se le va a hacer!... Y también más autóctona.