
En efecto, una vez más, la entrada que cuelgo en este, mi personalísimo blog, va a tratar sobre la crisis económica. Me repito más que la cebolla, ¿verdad?
Y en realidad, he de decir que cada vez se me hace más cuesta arriba escribir sobre la materia. Yo, que como otros muchos pardillos creíamos que esto solo iba durar unos pocos meses, si acaso un añito…
Y es que, aunque tal vez nunca lo llegara a mencionar de palabra, pues como que esa era mi esperanza. Una esperanza bienintencionada y bienhechora, como las de todos esos otros ingenuos, que se levantaron una mañana a coro con el eslogan del esto-lo-arreglamos-entre-todos. Un eslogan a modo de sustitución de todos sus otros muchos mantras personales e intransferibles, tales como de-hoy-no-pasa-que-me-suban-el-sueldo, o hoy-la-rubia-de-la-minifalda-se-me-arroja-en-los-brazos.
Ciertamente, todo un sacrificio renunciar a esas otras jaculatorias.
Pero manuales de autoayuda, proyectos mesiánicos y macedonia de frutas aparte, la cruda realidad con la que nos enfrentamos todos los días, es con la de que desgraciadamente la cosa no va a mejor.
Nuestra economía nacional recula, se hace la remolona y suelta coces a la menor intentona de ponerla a tratamiento. De hecho los indicadores con los que los telediarios y periódicos nos sobresaltan a cada momento, no pueden ser más malencarados.
Y entre todos ellos destaca uno: El paro.
Sí, el paro, la más terrible de las pesadillas con las que un honrado padre de familia, y madre, han de lidiar en esta su hora de máxima incertidumbre.
De hecho, si hubiera lugar para un quinto jinete del Apocalipsis, además de la muerte, el hambre, la guerra y la peste - este, el paro - se las ingeniaría para, sea como fuere, reducir el número total de efectivos a tres y dejar a uno en la calle.
Un problema gordo este del paro. O flaco, según se mire (si lo miran las vacas).
Lógicamente, cualquier persona de bien que lea esto pensará, ¿Quién será el meluzo este que se pone a hacer bromas con cosas tan serias? ¿Por qué no mete sus cataplines en el microondas, lo cuelga en YouTube, y así se asegura las carcajadas de todos los que pinchen en su ventanita?
Pues para que lo sepáis, si me río es para no llorar. En mi familia, las regulaciones de empleo han pasado a ser el pan nuestro de cada día. Y en lo que a mi respecta, mi antaño llevadero y desahogado trabajo de oficina, se ha transformado en un infierno multitarea a medio camino entre cirujano cardiovascular, por el estrés, y mamporrero de cuadras, por la entrega absoluta e incondicional.
Así puestos, que no os extrañe nada que el hecho de que cuatro don nadies de corte burgués y acomodado, se jacten de arreglar los desmanes financieros del mundo capitalista con sus varitas mágicas de playmobil, sea algo que me toque mucho la moral.
Me gustaría verlos en mi pellejo cuando termino la jornada laboral. Que interiorizaran, esa sensación de zozobra, de intenso vacío espiritual, pareja a la inutilidad del esfuerzo, y solo asimilable a la sobrevenida flacidez en las alzas de los zapatos de Sarkozy, ahora que la Carla Bruni le pone la cornamenta con un cantante jovenzuelo y guaperillas.
Pero, asuntos de alcoba a un lado, haríamos mejor en no mirar, y menos aún si se trata de establecer comparaciones, a nuestros vecinos de más allá de los Pirineos.
No en vano vuelven a resonar las voces críticas de estos para con nosotros, muchos de los cuales ya no se cortan en decir que, junto con Grecia y Portugal, haríamos mejor en ir buscándonos nuevos amigos.
Y mientras nuestro tejido industrial hace aguas, y lo poco que queda del sector de la construcción se termina de ir a pique, vayámonos entretanto apuntando a los nuevos cursos que surjan de camarero y sirvienta por correspondencia. Porque, como en tiempos del generalísimo, antes de lo que nos imaginamos, nos veremos obligados a echar mano del turismo como último recurso.
La rancia respuesta de un país desfondado, que en estos años de chanchullos y rapiña en sesión continua, ha dilapidado su patrimonio natural y paisajístico, como pocos otros en el mundo.
Sea pues lo que haya de ser. Y si hay que aguantar un año más de palos en el lomo, adelante. Pero, por favor, que no vengan cuatro colegialas progres y sus papis famosos, a decirme con una sonrisa de oreja a oreja, que han encontrado la solución definitiva para el problema de la bancarrota mundial, el de crisis inmobiliaria, o el de las hemorroides.
Y en realidad, he de decir que cada vez se me hace más cuesta arriba escribir sobre la materia. Yo, que como otros muchos pardillos creíamos que esto solo iba durar unos pocos meses, si acaso un añito…
Y es que, aunque tal vez nunca lo llegara a mencionar de palabra, pues como que esa era mi esperanza. Una esperanza bienintencionada y bienhechora, como las de todos esos otros ingenuos, que se levantaron una mañana a coro con el eslogan del esto-lo-arreglamos-entre-todos. Un eslogan a modo de sustitución de todos sus otros muchos mantras personales e intransferibles, tales como de-hoy-no-pasa-que-me-suban-el-sueldo, o hoy-la-rubia-de-la-minifalda-se-me-arroja-en-los-brazos.
Ciertamente, todo un sacrificio renunciar a esas otras jaculatorias.
Pero manuales de autoayuda, proyectos mesiánicos y macedonia de frutas aparte, la cruda realidad con la que nos enfrentamos todos los días, es con la de que desgraciadamente la cosa no va a mejor.
Nuestra economía nacional recula, se hace la remolona y suelta coces a la menor intentona de ponerla a tratamiento. De hecho los indicadores con los que los telediarios y periódicos nos sobresaltan a cada momento, no pueden ser más malencarados.
Y entre todos ellos destaca uno: El paro.
Sí, el paro, la más terrible de las pesadillas con las que un honrado padre de familia, y madre, han de lidiar en esta su hora de máxima incertidumbre.
De hecho, si hubiera lugar para un quinto jinete del Apocalipsis, además de la muerte, el hambre, la guerra y la peste - este, el paro - se las ingeniaría para, sea como fuere, reducir el número total de efectivos a tres y dejar a uno en la calle.
Un problema gordo este del paro. O flaco, según se mire (si lo miran las vacas).
Lógicamente, cualquier persona de bien que lea esto pensará, ¿Quién será el meluzo este que se pone a hacer bromas con cosas tan serias? ¿Por qué no mete sus cataplines en el microondas, lo cuelga en YouTube, y así se asegura las carcajadas de todos los que pinchen en su ventanita?
Pues para que lo sepáis, si me río es para no llorar. En mi familia, las regulaciones de empleo han pasado a ser el pan nuestro de cada día. Y en lo que a mi respecta, mi antaño llevadero y desahogado trabajo de oficina, se ha transformado en un infierno multitarea a medio camino entre cirujano cardiovascular, por el estrés, y mamporrero de cuadras, por la entrega absoluta e incondicional.
Así puestos, que no os extrañe nada que el hecho de que cuatro don nadies de corte burgués y acomodado, se jacten de arreglar los desmanes financieros del mundo capitalista con sus varitas mágicas de playmobil, sea algo que me toque mucho la moral.
Me gustaría verlos en mi pellejo cuando termino la jornada laboral. Que interiorizaran, esa sensación de zozobra, de intenso vacío espiritual, pareja a la inutilidad del esfuerzo, y solo asimilable a la sobrevenida flacidez en las alzas de los zapatos de Sarkozy, ahora que la Carla Bruni le pone la cornamenta con un cantante jovenzuelo y guaperillas.
Pero, asuntos de alcoba a un lado, haríamos mejor en no mirar, y menos aún si se trata de establecer comparaciones, a nuestros vecinos de más allá de los Pirineos.
No en vano vuelven a resonar las voces críticas de estos para con nosotros, muchos de los cuales ya no se cortan en decir que, junto con Grecia y Portugal, haríamos mejor en ir buscándonos nuevos amigos.
Y mientras nuestro tejido industrial hace aguas, y lo poco que queda del sector de la construcción se termina de ir a pique, vayámonos entretanto apuntando a los nuevos cursos que surjan de camarero y sirvienta por correspondencia. Porque, como en tiempos del generalísimo, antes de lo que nos imaginamos, nos veremos obligados a echar mano del turismo como último recurso.
La rancia respuesta de un país desfondado, que en estos años de chanchullos y rapiña en sesión continua, ha dilapidado su patrimonio natural y paisajístico, como pocos otros en el mundo.
Sea pues lo que haya de ser. Y si hay que aguantar un año más de palos en el lomo, adelante. Pero, por favor, que no vengan cuatro colegialas progres y sus papis famosos, a decirme con una sonrisa de oreja a oreja, que han encontrado la solución definitiva para el problema de la bancarrota mundial, el de crisis inmobiliaria, o el de las hemorroides.

P.D.: Este detalle del dibujo va dedicado con cariño a mi amiga Fiebre, que recientemente me ha invitado a participar en su blog VIP. ¡Qué Dios nos coja confesados!
Y, por cierto, no he podido evitar acordarme de la anécdota de la televisión sueca la noche del 23-F, quienes llamando a sus colegas de la primera cadena española, preguntaban qué hacía un torero entrando armado con una pistola en el congreso de los diputados!!!!
Si es que el nuestro es, y será siempre, un país de pandereta.
No le deis más vueltas.
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Este blog, como no podía ser de otro modo, se suma al homenaje de la blogosfera hacia la “alargada” figura del escritor vallisoletano Miguel Delibes.














